Sine die

Ismael / Yebra

Héroes anónimos

MI concepto sobre el ser humano no está del todo por los suelos. Sé que existen versiones que tildan al hombre de animal carroñero, del peor enemigo para su propia especie e infinidad de lindeces por el estilo. En verdad, si uno repasa ciertos hechos históricos llega a la conclusión de que no les faltan razones a los que opinan así. El hombre ha dado numerosas muestras de inhumanidad a lo largo de la historia y las sigue dando a diario. Con la posibilidad de ser considerado un observador benevolente y candoroso, mi opinión no es ésa, al menos de forma categórica. La historia de la humanidad está llena de luces y sombras, siendo éstas mucho más llamativas que aquellas. El viejo aserto de que la noticia es perro mordido por un hombre y no al revés.

Me mueve a escribir sobre esto el suceso ocurrido la semana pasada en el que resultó asesinado un sacerdote a la puerta de su casa. La noticia corrió como la pólvora a través de los medios de comunicación. Traté a don Carlos Martínez durante años. Era un hombre discreto, callado y tímido que pasaba su vida ayudando al que lo necesitase en la parroquia y en el céntrico barrio en el que vivía y ejercía su ministerio. Además, era capellán de un cercano convento de monjas de clausura. Así transcurrió su vida sin que saliese nunca en la prensa por alguna de estas razones. La noticia no fue eso, sino el hecho luctuoso de su muerte de forma violenta. Ese incidente marcará su vida. En adelante, cuando alguien le cite se referirá a él como el cura que fue asesinado y no como el hombre bueno, discreto y querido por sus feligreses que fue. Lo dicho: lo del perro y el hombre.

Por mi profesión de médico trato diariamente con muchas personas y, salvo excepciones, mi concepto del ser humano, como decía al principio, no es tan malo como algunos defienden. La mayoría de la gente vive y deja vivir. Pasan su vida cumpliendo honradamente su labor, ayudando a su familia a salir adelante sin molestar a nadie. Funcionarios que hacen bien su trabajo, padres que educan y velan por sus hijos, personas que cuidan de familiares enfermos o discapacitados, voluntarios que recorren la ciudad por las noches ofreciendo asistencia a los más desarraigados. Nada de esto ocupa espacio, habitualmente, en los medios de comunicación. Si el mundo no explota, no me cabe duda, es gracias a ellos. Y aunque no lo parezca, menos mal, son legión.

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