Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Hillary quiere ser regente

HILLARY Clinton quería ser presidenta de los Estados Unidos de América. Su ambición era tal que, aunque hace meses que todo el mundo sabía que no se saldrían los números, ella seguía erre que erre, sacudiendo la presunta fragilidad de su rival, su falta de experiencia y lo vacío de su discurso. Explicando a sus fieles que sólo ella podía garantizar el sueño tranquilo de los niños de América. Que Obama no era de fiar. Y, finalmente, que seguía en la carrera porque podía producirse un hecho fatal, como pasó en 1968, cuando Robert Kennedy fue asesinado en Los Ángeles tras ganar las primarias de California. Falleció, por cierto, el 6 de junio, justamente hoy hace 40 años.

Y ahora la esposa del único presidente demócrata que ha ganado una reelección desde Roosevelt se postula como vicepresidenta. Hombre, pensando en el magnicidio, es otra manera de llegar a la Presidencia. Disculpen en humor negro, pero pienso que Hillary lo que pretende en ser la regente del presidente Obama. Se lo ha puesto imposible para ganar sin ella y ahora se quiere cobrar la derrota por partida doble. Quiere el segundo puesto de la candidatura demócrata y pretende que el ganador se haga cargo de sus deudas, cifradas en 14 millones de euros, la mitad de los cuales son de su fortuna personal. Y, en segundo lugar, quiere interpretar el papel que magistralmente ha jugado en los ocho años de mandato de Bush el vicepresidente Cheney.

Ya sabíamos que Dick Cheney ha sido el director de la orquesta de la Casa Blanca en los últimos ocho años. Había sido ministro de Defensa con Bush padre y entró de senior en el ticket republicano en las elecciones de 2000. Pero en su reciente libro Lo que sucedió: en el corazón de la Casa Blanca de Bush y la cultura del engaño, Scott McClellan, ex portavoz de actual presidente, retrata de manera precisa cómo Cheney ha manejado los hilos del poder. Tanto, que cabe definir su rol como el de un regente. Este es el espejo en el que ahora se mira la señora Clinton. Obama ya puede entonar la coplilla "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio; contigo, porque me matas y sin ti, porque me muero".

El candidato ya está interpretando otras canciones más difíciles. Por ejemplo, para congraciarse con los lobbies judíos, sostiene sin desafinar que Jerusalén debe ser la capital única e indivisible del Estado de Israel, en contra de toda lógica histórica y toda justicia. Si empieza a considerar sacrosantos a los sionistas. Si piensa empeñar armas y dinero a favor de una de las dos partes en litigio, en el peligroso embrollo de Oriente Medio; entonces es que tanto cambio no va a significar la llegada del senador por Illinois a la Casa Blanca. Al final, todos los políticos pagan algún peaje. Pero al menos Obama debería evitar el lastre de tener a Hillary de regente los próximos cuatro años.

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