la ciudad y los días

Carlos Colón

Hipócrates ha muerto

SE atribuye a Alfonso Guerra el tristemente famoso "Montesquieu ha muerto". La historia ha demostrado que no se equivocaba: la separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial hace muchos años que es uno de tantos principios democráticos convertidos en meras palabras sin apenas aplicación práctica. Alguien, a la vista de lo que está sucediendo con Ortega Cano, debería exclamar también: "Hipócrates ha muerto". Porque el espíritu del juramento hipocrático -en su versión actualizada por la Declaración de Ginebra- se respeta a veces tan poco como el principio de Montesquieu. Especialmente, en lo que a este caso se refiere, el punto que obliga a "guardar y respetar los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente".

De la telebasura y el periodismo sensacionalista no nos protegen ya ni el juramento hipocrático ni el severo aislamiento de la UVI. La familia da la información que le apetece dar; si mercadea o no con ella es problema suyo. El Hospital da la escueta información que le compete dar. Pero, por lo visto, la UCI del Macarena tiene más agujeritos por los se escapan secretos que un gruyère. Al menos esos dicen los llamados colaboradores de los programas televisivos del corazón, las vísceras y los "países bajos" que ahora se autoproclaman "informativos". Y lo demuestran dando unos detalles sobre la evolución del paciente que, según afirman, les son facilitados desde dentro del hospital. ¿Topos del corazón? ¿Quintas columnas de la telebasura? ¿Gargantas profundas de la banalización del dolor? Puede que mientan, pero el caso es que exhiben papeles, mensajes de móviles y llamadas que "desde dentro" les dan noticia puntual de lo que debería quedar en la intimidad de la relación entre el paciente, sus cuidadores y sus familiares.

Cuando el Hospital comunicó que sólo daría nuevos partes si se producían novedades en el estado del paciente algunos "colaboradores" proclamaron que ya se encargarían ellos de darlos. Y el caso es que lo hicieron. Aducir que por tratarse de un personaje popular el torero no tiene derecho a la reserva que exigen las cuestiones relacionadas con la salud es una aberración. Incluso si se añade que él mismo o sus familiares han participado en el circo mediático. Esa participación es voluntaria, debe limitarse a lo acordado y en ningún caso autoriza a exponer al público lo que el personaje no quiera vender o comunicar. Menos aún si se trata de la lucha por su propia vida en una situación de total indefensión. El control de la telebasura parece imposible. El de las filtraciones "desde dentro" no debería serlo.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios