Visto y oído

Antonio / Sempere

Hipocresía

EN esto de la muerte súbita del Aquí hay tomate (el lunes pasado nadie sospechaba nada) vislumbro bastante hipocresía. El Tomate ha existido durante 1.223 emisiones porque lo veía mucha gente. Muchísima gente. Y lo conocía todo el mundo. Siquiera de oídas.

No pensemos que detrás del Aquí hay tomate, de Jorge Javier y Carmen, existía un ente perverso que es el que maquinaba los vídeos, un ser maquiavélico dispuesto a no dejar títere con cabeza. Lo que había detrás del Tomate era un equipo muy joven que hacía su labor con la conciencia muy tranquila, sabiendo en qué terreno jugaban. Con tanta tranquilidad como los más de tres millones que sestearon en su compañía, sólo que en el caso de los primeros, cobrando a fin de mes por ello.

Observando detenidamente el vídeo de autohomenaje que se marcaron en su despedida, y en el que vieron los rostros sonrientes y satisfechos de casi todos los miembros del equipo, los de guión, los de producción, los de documentación, si algo quedó claro fue su escaso remordimiento por dedicarse al trabajo que les dio de comer. Las treintaytantas sonrisas que vimos pertenecían a personas jóvenes. Con decir que todavía más jóvenes que un servidor ya se pueden imaginar la lozanía de todas ellas. Sin duda, gente maja, gente despierta; incluso, quién sabe, gente solidaria e inquieta. No lo duden. La patata caliente sobre la pertinencia de un programa como ése, si acaso, la pasarían a la cúpula directiva de la cadena. Pero no nos engañemos. También los jefes de la productora del programa, como los de Telecinco, estaban encantados con los resultados. Entonces, ¿por qué lo han finiquitado? Ahí está la engañifa y la hipocresía. Que la energía no desaparece. Sólo se transforma. Por enésima vez, permítanme un pertinente 'que Dios nos coja confesados'.

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