La esquina

josé / aguilar

Hipótesis sobre Monedero

LA situación de Juan Carlos Monedero es insostenible. A ver: un político que cobra un dineral de varios gobiernos extranjeros por elaborar un informe que no se atreve a difundir sobre unión monetaria y no siendo experto en el tema, que lo cobra como persona física pero lo transfiere a una sociedad mercantil creada expresamente para pagar menos impuestos, que se ve obligado a presentar una declaración complementaria a Hacienda para evitar la sanción que se le prepara, que deposita buena parte de esos ingresos en fondos de inversión y que oculta los movimientos de sus cuentas bancarias, ya tendría que haber dimitido como número tres de su partido. Sobre todo si ese partido es Podemos, que ha hecho de la corrupción ajena el eje de su estrategia y de la limpieza, la transparencia y la honestidad los ingredientes básicos de su oferta alternativa.

¿Por qué Monedero no dimite y por qué sus correligionarios no le fuerzan a dimitir para minorar los daños que está provocando a su causa en plenas vísperas electorales? A esta pregunta sólo podrían responder el propio Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y pocos más. Los demás hemos de conformarnos con hipótesis que aguardan datos para confirmarse o descartarse. La mía es ésta: al número tres de Podemos no lo pueden echar sus compañeros porque sus polémicas andanzas financieras no son andanzas personales, sino colectivas. No ha trabajado para juntar un capitalito muy curioso en beneficio suyo, sino en favor de la organización que fundó como pretendida vanguardia de la mayoría social que busca destruir el régimen corrupto.

Estoy hablando de la financiación de Podemos. Mientras los partidos de la "casta" se han financiado en el pasado inmediato o lejano a base de comisiones cobradas a empresas favorecidas por contratos concedidos por las administraciones públicas controladas por el partido correspondiente, Podemos lo ha hecho -lo habría hecho, quiero decir- acudiendo a gobiernos extranjeros con los que se ha emparentado ideológicamente y simulando trabajos de asesoramiento y programas de televisión que dichos gobernantes han retribuido con una generosidad que ni siquiera cabe en el capítulo de la solidaridad internacionalista.

Parece mentira que Podemos haya cometido el error de poner de tesorero a su ideólogo en vez de encargar las finanzas a alguien anónimo y discreto, velado a la opinión pública, colector de dineros y secretos. Ahora está pagando ese error.

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