La ciudad y los días

Carlos Colón

Historia, agitación y propaganda

HE sentido pesadumbre, como cristiano, al saber de la exposición Toledo, Ciudad mártir. 1936, organizada por la Delegación para las Causas de los Santos del Arzobispado de Toledo, que se inauguró el pasado miércoles con una conferencia de César Vidal (COPE). He sentido disgusto, como cristiano, al leer que el cardenal Cañizares dijo en la inauguración que "no hay que mirar con odio, ni acusación" a los autores "de estas atrocidades". Pellizco de monja se llamaba a esta forma, tan clerical, de hacer daño sin perder la beatífica sonrisa, de condenar simulando que se perdona, de confrontar haciendo como que se pacifica.

Estas heridas, ha dicho Cañizares, "deben servirnos para llevar a cabo la reconciliación, para desarrollar un proyecto común en el que no tengan lugar aquellos enfrentamientos acaecidos en España... La Guerra Civil no es un asunto del que no se deba hablar, sino que necesitamos hablar sin crispación, porque saber qué fue lo que sucedió es una condición indispensable para superar las heridas". Ya. Y para reconciliar, desarrollar un proyecto común sin enfrentamientos, no generar crispación y superar las heridas, monseñor Cañizares liga aquellas persecuciones al momento presente, pidiendo el perdón para "los que no sabían lo que hacían, y ahora de los que no saben lo que hacen persistiendo con las mismas ideas".

Nadie pone en duda la bárbara matanza de siete mil religiosos y seglares católicos, ni la igualmente bárbara destrucción del patrimonio religioso que -contradiciendo la doctrina oficial políticamente correcta de izquierdas, según la cual fue resultado de acciones incontroladas provocadas por el golpe de estado- empezó el mismo año de 1931, prosiguiendo en 1932 y 1934 para culminar entre 1936 y 1939. Pero tampoco nadie puede poner en duda la beligerancia antidemocrática de la Iglesia también desde 1931, y su alineamiento con los golpistas tan contundentemente expresado por el cardenal Pla y Daniel al afirmar que lo sucedido durante la República y la guerra representaba "el odio satánico de los sin Dios contra la Ciudad de Dios", y la victoria de Franco "el triunfo de la Ciudad de Dios y de la Resurrección de España".

Como en el caso de la Memoria Histórica de Zapatero (y de esa izquierda que ahora intenta silenciar el hallazgo de la fosa en la que tal vez estén los restos de Andreu Nin, el trotskista del POUM torturado y asesinado por los estalinistas del PC en el Madrid republicano), hay que insistir en el peligro de convertir la etapa más compleja de nuestro pasado, sustrayéndola del rigor de la Historia, en agitación y propaganda.

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