La ciudad y los días

carlos / colón

Historia y prejuicios

ESTA ciudad es tan jartible que acaba por hacernos a todos jartibles a base de involucrarnos, lo queramos o no, en polémicas absurdas. Como si reverdecieran los funestos años de la "guerra de los chaqués" en la Transición, que afectaba a las representaciones políticas y sus atuendos en las ceremonias religiosas, tenemos ahora las polémicas de la festividad de San Fernando y del número de representantes municipales en la procesión de la Virgen de los Reyes. Vaya por delante que un servidor, judeocristiano y perteneciente a ocho hermandades, es partidario de la total separación entre el Estado y la Iglesia en el sentido de injerencia del uno en la otra y de la otra en el uno. Lo que no excluye ni las necesarias relaciones entre ambos ni la cortesía. Por mí que se acaben para siempre las representaciones de los poderes públicos en los actos religiosos. Sobre todo para no degradar dichos actos de lo religioso a ceremonias cívico-religiosas paganas, como las de la antigua Roma en la que se mantenían como ritos cívicos cuando ya nadie creía en los dioses. Aunque también se puede considerar razonablemente que por cortesía hacia colectivos ciudadanos, con los que no tienen por qué compartir sus creencias, las autoridades representen a la ciudad en determinadas celebraciones de gran relevancia social o histórica.

Dicho lo cual vayamos con San Fernando. Cargándose el día de San Fernando el Ayuntamiento amputa del calendario festivo la memoria del personaje más importante de la historia de Sevilla. Una memoria que no sólo concierne a los cristianos, sino a todos los sevillanos por haber reconquistado la ciudad en 1248. La Sevilla que vivimos hoy tiene posos romanos, visigodos e islámicos. Pero una realidad en continuidad cultural iniciada aquel 1248 en el que Sevilla volvió a integrarse donde siempre había estado desde los tiempos romanos: el occidente que en tiempos de Fernando caminaba hacia el esplendor cultural y artístico gótico.

Para los tiempos presentes Fernando III representa un modelo de tolerancia como valedor de la Sevilla de las tres culturas. Lo que se representa en su lauda sepulcral, redactada en latín, castellano, árabe y hebreo. Repobló Sevilla de judíos, la mayoría huidos a Toledo a causa de la intransigencia almohade, y les donó la que llegaría a ser segunda mayor judería de España, con su propio gobierno y cuatro sinagogas. Continúa mañana.

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