La ventana

Luis Carlos Peris

Homenaje de autenticidad a un torero sincero

NEGRO, bragao y meano, Ventisco venía de Los Alburejos para ponerle contrapunto a la despedida de un torero macho. Era martes de Feria de 2007 y en la puerta de cuadrillas de Sevilla, muy serio, concentrado ante lo que se le venía encima, de azul y oro, César Rincón, el mejor torero que dio América en un montón de lustros, se liaba en el capote para despedirse de la Maestranza. No estuvo bien con el que abrió plaza y le pitaron aun con el respeto que merece un torero como el colombiano. Y salió en cuarto lugar Ventisco, César tiró la moneda al aire de Sevilla y salió cara, sí, pero tras muchos arabescos, que las dos orejas que portaba a la muerte del torrestrella las había logrado a sangre y fuego, jugándose la vida en una faena tan veraz como profunda. Se fue César en triunfo y esta noche vuelve a Sevilla para que los aficionados del Aero le otorguen el premio Manolo Vázquez. A tal héroe, tal honor.

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