las dos orillas

José Joaquín León

Homenaje a las tradiciones

EN estos días de diciembre, entre la Purísima y la Esperanza, las calles de Sevilla huelen a incienso (como casi siempre). Se eleva el humo por la plaza del Pan, por el Salvador, por Tetuán, como si quisiera ser arrastrado por las nubes de la tarde hacia la Macarena, o fundirse a modo de cendal flotante becqueriano para cruzar el río hacia Triana. En estos días cortos de diciembre, entre los globos de los niños y las colas de los belenes, entre las multitudes que miran y remiran a los Reyes Magos de la crisis, entre los mercadillos navideños y las tiendas que resisten, estamos dando un auténtico homenaje a las tradiciones. Yo me refiero al homenaje de toda la vida. Paciente y sosegado, de colas para besar la mano de una Virgen que proclama la Esperanza.

No tiene nada que ver con el homenaje que se ha dado a sí misma Paz Vega, con su foto casi desnuda en el reclinatorio de una capilla de Gerena, ataviada sólo con la mantilla, o parodiando a una Virgen. Que ella aparezca liviana de ropa en un calendario a lo Pirelli de una marca alemana de galletas es lo de menos. Lo de más es que para hacerlo ridiculicen la religiosidad sevillana, sin olvidarnos de que también tocan los más arraigados tópicos del folclore local.

Esta Carmen del siglo XXI se ha pasado de rosca tres pueblos y ha dado a caer en Gerena, donde quienes lo autorizaron o están locos o son unos ingenuos. Pero donde no deberían seguir es al frente de una hermandad, que si no hubiera concedido el permiso (con o sin engaño) hubiera evitado la polémica indeseable. Claro que no han sido los únicos, pues el calendario de la marca de las galletas también reproduce escenas de otras modelos desnudas, tomadas en el interior de un monumento, una conocida casa palacio de Sevilla, donde se supone que lo hicieron con permiso. Sorprende, siendo, como es, un lugar que llegada la Cuaresma resulta de lo más piadoso.

Paz Vega ha manifestado que esto que se hizo ella tan fresca era un homenaje a las tradiciones sevillanas (a su modo, se supone), que las fotos son muy bonitas (cuestión estética que no entraba en la discusión) y que entiende que haya quien se moleste (o sea, que más o menos se lo veía venir). A Paz Vega se la puede perdonar, sin darle un refrito por la hoguera, y solicitarle que ponga más cuidado para ver dónde le hacen las fotos de los calendarios de calentar. El problema es que estas cosas se les ocurren para provocar. Y, cuando la Iglesia protesta, que es lo normal, les dicen que son unos reaccionarios inquisidores y que no tienen aguante. Como si lo tuvieran en otras religiones que quieren asesinar a los caricaturistas de Mahoma.

El mejor homenaje que se le puede dar a las tradiciones es respetarlas. Hoy es un buen día para no perder las esperanzas.

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