Visto y oído

Antonio / Sempere

Homenaje

APROVECHANDO que hoy se homenajea con todo la pompa a Francisco Umbral en el Círculo de Bellas Artes, un santo que nunca fue de mi devoción, permítanme que haga lo propio con otros columnistas a los que tal vez no se rindan tantos tributos. Me refiero a mis bienamados críticos de televisión que, ya era hora, empiezan a engrosar una gran familia. Ya era raro que dedicando cada españolito cuatro horas diarias, cuatro, a ver televisión, y tan poco a leer, existiesen tantos críticos literarios y tan pocos catódicos.

Si no existiesen, habría que inventarlos. Habría que inventar a Cipriano Torres y a José Javier Esparza, tan distintos en sus criterios, pero tan necesarios y tan auténticos en sus últimas columnas. El primero, mostrando su perplejidad ante la campaña electoral de los obispos. El segundo, dedicando a falta de una dos columnas, dos, al título de serie de Telecinco, resaltando que la palabra 'paraíso' figura en minúscula, y no en mayúscula, 'Paraíso', que sólo faltaba. Tengo el placer de conocerles en persona y doy fe de que son adorables, educados, cultos, muy buenas personas. Como Francis Gallardo, capaz de introducir siempre un punto de campechanía.

Una virtud que no sabía cultivar don Francisco Umbral. En su carácter no entro, pero sí me atañían, y mucho, los trasnochados mensajes que transmitía. ¿De qué le sirve a un columnista dominar las palabras con las yemas, si lo que cuenta es tan rancio y desafortunado como una música obsoleta? Sólo escuché públicamente una crítica contra Umbral. Fue hace dos años en los cursos de verano de la Complutense en El Escorial, en un encuentro sobre la igualdad de género. Ojalá, en ese mismo marco, mis amigos Gallardo, Esparza y Torres podamos debatir pronto. Y ustedes que lo vea y lo lean.

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