La ventana

Luis Carlos Peris

Tan Homo como Cofrade

TRADICIÓN, como casi todas, de nuevo cuño la del título de Homo Cofrade, designación en cada Cuaresma para un personaje de nuestra Semana Santa, que no siempre va a ser Pilatos ese personaje. Es el invento de un grupo de sevillanos de esos que se autocalifican de rancios pero que, en este caso, no lucen ni un ápice de casposidad. Y el Homo Cofrade de esta Cuaresma le ha correspondido a Rogelio Trifón, tabernero emérito que vive jubilosamente su jubilación. Y es tan capillita Rogelio que, aun de lágrima fácil, su llanto mayor fue cuando se le estropeó aquel reloj que daba la cuenta atrás de lo que faltaba para que el Baratillo pusiera su Cruz de Guía en Adriano y que tiene los redaños de cerrar su pingüe negocio en las tardes de Semana Santa para que su cuerpo serrano y los de Blanca y de María se aposenten en los palcos para ver los pasos. Sin duda, esta designación es un bingo más de esos rancios tan singulares.

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