Pórtico

Alfredo Flores

¡Hosanna!

LA ciudad y el niño viven las vísperas inquietos; el niño y la Ciudad apuran las últimas horas intrigados con el desasosiego propio de que algo extraordinario va a ocurrir.

La ciudad ha conocido ya muchas mañanas de Domingo de Ramos, se repetirá el acontecimiento y sin embargo, experimenta las premuras de que no todo estará dispuesto y como a ella le guste que esté.

Sevilla, gran dama, cargada de siglos de honores y de asombros, quiere estar preparada para ese día porque nunca todo es igual.

Presumida busca sus estuches de albero, querido albero siempre a mano, cubre las heridas que sin descanso descubren sus entrañas, recorre las plazas y se tranquiliza, los naranjos fieles a la cita blanquean con el azahar, la cal y el almagre rejuvenecen las viejas fachadas, mira al cielo y pide paciencia a las nubes, la lluvia tan necesaria que espere una semana nada más.

Domingo de Ramos, cuando empiece a clarear todo será diferente, en las gradas de la Catedral están preparadas las ramas de los viejos olivos, las palmas doradas adornan los balcones, se oye el canto de los sevillanos más niños: ¡Hosanna, ya llega el Señor!

El niño estrena su Domingo de Ramos. Ayudó a la madre cuando abrió el arcón, guardó las hojas de laurel y de los largos fardos de lienzo blanco salieron túnicas, los siete colores del arco iris se le ofrecía, los escudos identificaban al propietario: el padre, el abuelo ,los tíos, las primas... allí estaban todos.

Sobre el respaldo de una silla se colocó una túnica más pequeña que las otras. La madre la puso sobre sus espaldas y dijo: "Para este año vale".

El blanco y el anuncio de la madre: "Serás el primer nazareno que salga este año de casa y pórtate bien que hay que lucir en el Salvador que está de dulce".

Se echará a la calle y volverá a encontrarse con Herodes en San Juan de la Palma y el largo navío del Pretorio le mostrará los soldados, cruzará calles silenciosas camino de San Julián, sobre la cruz la serenidad de la muerte y descubrirá los rasgos del Niño del portal de Belén que hace poco guardó en las cajas que dicen Navidad 2007; ahora lo vuelve a ver desnudo en Molviedro, ve la tristeza en su rostro y el odio en quienes lo golpean, no son los pastores de la noche santa; por el puente hacia San Jacinto, la Estrella sujeta el tiempo en sus manos, vestida de noche de Domingo de Ramos, sus ojos se fijan en esa roca tan cercana y a la que no puede llegar.

En el Porvenir, la Paz. Es tiempo de preguntas y respuestas. Nunca más la guerra. Paz. Y también con el vecino de la banca de la escuela.

El niño se acerca al hombre de los globos, los dálmatas, el corazón de Mickey, el caballo, todos quieren escapar hacia el sol, y la tentación del carrillo del algodón dulce, la trompeta dorada.

Se le hace tarde, recogido el antifaz corre hacia el Salvador, la vieja rampa espera al Señor triunfante, en la calle los vítores y allí al fondo, encuentra la respuesta, sólo los candelabros acompañan al Amor, el Señor descansa, va a morir para que el niño tenga vida y el niño lo entiende y se cubre con el antifaz, ya es nazareno de Sevilla.

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