Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Hospedaje

YA lo verán esta noche y comprobarán que en Bambú saben alzar muy bien sus tramas al final de cada capítulo, lo que se llaman cliffhangers, y que juegan al escondite con los espectadores mientras los embelesan con los aires victorianos de Gran Hotel. La serie que regresa esta noche a Antena 3, un notable esfuerzo por hacer buenas historias de época en España, vuelve con los asesinatos y crueldades varias, guiñando incluso a los casos de bebés robados, con un rosáceo marco de amores imposibles que la convierten en un folletín de padre y señor mío. Al camino ya andado por esta ficción, entre Downton Abbey y Agatha Christie, se le añade el mundo del contrabando y matuteo, con toques de Boardwalk Empire. A un trajecon chaleco a cuadros le pegan todas las bajezas posibles con aires distinguidos.

Pero Gran Hotel no sería tan grande sin el trabajo de sus actores y sobre todo del monumento de Concha Velasco, con esas facciones de matrona maltratada y maltratadora, surgida de un retrato romanticista. Y Adriana Ozores, Angela Channing entre los roperos. O Pep Anton Muñoz, degradado ahora de detective a simple agente, pese a sus méritos. El agente Ayala, tan flemático y de una ironía tan a tono con el paisaje, corre por el flanco de la intriga y del humor a partes iguales. Es el personaje más redondo pese a ser casi un verso suelto entre la mala baba que se gastan en el hotelito. Juan Luis Galiardo, solemne con su presencia y un puñado de frases, aún tendrá que crecer en próximas semanas y hacernos disfrutar en la estancia de la serie. Nos va a servir un buen plato póstumo. Y Amaia y Yon parecen aprendices entre tantos ilustres, en unos papeles como de detectives de novela juvenil. Deben estar ahí para aprender, mientras son el gancho para la audiencia más joven. La que se va formando el paladar gracias a banquetes como los de este hotel.

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