la ciudad y los días

Carlos Colón

"Hoy es el día de los enamorados..."

EN Tánger no teníamos un duro. Fueron años intelectualmente dorados para mis padres. Años de las charlas nocturnas con Mr. Morris, el cultísimo inglés que se había refugiado allí viviendo de una modesta pensión y llevando una rara vida de sueño diurno y vigilia nocturna en los cafetines del Zoco Grande; de las tertulias con don Gregorio Corrochano, Fernando Vela, Ángel Vázquez, Samuel Cohen, Manuel Cerezales, Carmen Laforet… Todos girando en torno al diario España en el que mi padre trabajaba, como toda la redacción, por un sueldo fijo minúsculo que se completaba con un tanto por pieza publicada. Así escribían todos sobre todo, como galeotes de la Smith Corona y la Underwood cuyo teclear no cesaba ni en la redacción ni en casa.

Cosmopolitismo e intelectualidad, toda la que se quiera. Dinero, poquito. Felicidad, mucha. Eso sí: teníamos pases para todos los magníficos cines de estreno -Roxy, Mauritania, Goya, Lux- y para el teatro Cervantes. Y los aprovechábamos a diario. Hasta el límite de la tortura. Porque como me gustara una película de monstruos, de aventuras o de romanos, mi desdichada madre me tenía que llevar más de una vez a verla. El caso límite fue el díptico El tigre de Esnapur y La tumba india que, ante mi entusiasmo, me tuvo que llevar a ver todos los días durante dos semanas.

Se desquitaba llevándome a ver las comedias españolas que a ella le encantaban y a mi padre le horripilaban. Mi padre iba por libre: Hawks, Ford, Hitchcock, Bresson, Clement, Dassin, Malle, Kubrick… Coincidían en Hitchcock, que a mí me estaba vedado. Así que me convirtió en su minúsculo caballero acompañante para ver aquellas películas con música de Algueró que tan bien reflejan la aspiración a la felicidad y el bienestar de aquella España de finales de los 50 que quería ser americana. De aquellos años guardo una memoria afectuosa de las comedias de Masó, Lazaga, Forqué o Palacios interpretadas por Conchita Velasco, Tony Leblanc, Antonio Casal, Mabel Karr o Jorge Rigaud.

Como El día de los enamorados, en la que el pobrecito de Jorge Rigaud -que empezó interpretando 14 de julio a las órdenes de René Clair y acabó anunciando camisas Tervilor con el tigrecito- hacía de San Valentín. Desde entonces siento simpatía por lo que hoy se celebra.

Operación comercial, sí. Cursilería, también. Pero para mí San Valentín es un sonriente Jorge Rigaud impecablemente vestido como un gentleman inglés que se pasea por Madrid mientras la tuna canta con música de Augusto Algueró: " Hoy es el día de los enamorados / y felices tú y yo, viviremos siempre así / porque sabemos que nos protege San Valentín".

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