Editorial

Huelga suicida

C OINCIDIENDO con el quinto día de una huelga general en el campo sevillano, que amenaza con hundir el cultivo insignia del melocotón, la prensa nacional publicaba ayer un demoledor informe sobre la situación del sector hortofrutícola. Los datos invitan al pesimismo: las exportaciones españolas de frutas y hortalizas han caído un 1,15%; las importaciones desde el extranjero han crecido en un 22,5%; clientes tradicionales, como Alemania, Francia y el Reino Unido, compran cada vez más a terceros países y a precios más baratos que los nuestros; España está perdiendo capacidad competitiva frente a esos países más baratos y las consecuencias afectan tanto a los invernaderos de Almería como a las producciones al aire libre, sobre todo en la zona Sur, "donde se estarían eliminando superficies de fruta de hueso y donde prácticamente se han eliminado las explotaciones de espárragos frente a las importaciones". Esa zona Sures la Vega de Sevilla, donde en realidad ya desapareció el espárrago en los años 80, y donde, tal como han reflejado las fotografías publicadas por nuestro periódico, se arrancan melotoconeros por la baja rentabilidad de su producción. A esto hay que añadir la huelga indefinida convocada por UGT y CCOO, con unas demandas salariales de tal magnitud que colocan al cultivo estrella de Sevilla en una situación extrema: una subida inicial solicitada del 8%, que dobla el IPC en el actual escenario de crisis económica. Tan extrema es la situación y tan suicida es la huelga, que hasta los 13 alcaldes de la Vega, más los de Villamanrique y Aznalcázar, han suscrito un comunicado conjunto para pedir "altura de miras" para el inmediato fin del conflicto laboral porque está causando "daños irreparables". Los sindicatos deben tomar consciencia de la auténtica realidad del sector hortofrutícola -en crisis, como prueba el arranque de casi 900 hectáreas en 2007- y alcanzar con la patronal un acuerdo razonable que evite la pérdida de la cosecha del melocotón, de la que depende la economía de una comarca a la que ya ni siquiera le queda la construcción como válvula de escape.

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