La tribuna

Carlos María López Espadafor

IVA: redefinición de las políticas tributarias

EL Derecho Financiero y Tributario, en un Estado social y democrático de Derecho como el nuestro, se debe presentar como la articulación jurídica de la redistribución de la riqueza. Los impuestos detraen fondos en mayor medida de los que más riqueza manifiestan y el gasto público beneficia principalmente a los que menos riqueza demuestran. Todo se debe ponderar en función del principio constitucional de progresividad, de tal forma que a mayor renta se tribute en mayor medida, aplicando tipos de gravamen más altos.

Las dos figuras centrales de nuestro sistema tributario son el IRPF y el IVA y sólo el primero se estructura de una forma progresiva, mientras que el segundo se articula de manera proporcional, manteniéndose constantes en este último los tipos de gravamen aunque aumente el precio del bien o servicio. La preeminencia recaudatoria que tenga el primero sobre el segundo influirá decisivamente en la progresividad del sistema tributario que consagra nuestra Constitución.

Tradicionalmente la preeminencia de un impuesto u otro ha marcado respectivamente las políticas tributarias progresistas/socialistas o conservadoras/liberales, aunque a estas alturas de la reciente historia de las finanzas públicas, parece que tal dicotomía pertenece más al antiguo discurso político y a los tratados de Derecho Financiero o de Hacienda Pública que a la realidad político-económica más inmediata. Un partido socialista incrementando el IVA y un partido liberal intentando frenarlo no se corresponden con los papeles que la historia de las finanzas públicas les ha asignado a uno y otro.

El 1 de julio entrará en vigor la discutida subida del IVA, con un Partido Socialista jugando a ser liberal y con un Partido Popular que no ve tal subida ajustada a su visión de futuro, situándose así en la línea de la aparente justicia social, al ser éste un impuesto que no pondera entre ricos y pobres, a diferencia del IRPF.

No recuerdo ya si decían que el sentido común era el más o el menos común de los sentidos. De todos modos, el gran problema en el futuro de la política económica en España es determinar quién tiene mayor capacidad para poner tal sentido en práctica, más allá de esos rancios y desdibujados conceptos de derechas e izquierdas.

Siempre que me tropiezo con la apuntada discusión sobre el IVA me vienen a la memoria las clases de Diritto Tributario del ya fallecido profesor Bosello en la Universidad de Bolonia. Era un profesor famosísimo, un abogado tributarista de enorme éxito y una persona con un abanico de comportamientos que podían ir desde la desmesurada dureza académica hasta la generosidad más entrañable, por lo que no cabe sino guardar de él un grato recuerdo y tenerlo presente en nuestras oraciones. Pues bien, bajo la apariencia de rigurosidad científica que solía mantener, un día nos sorprendió en clase con la defensa de un hipotético sistema tributario basado en una única figura impositiva que sería un IVA más alto, sin perjuicio de la cesión de la correspondiente parte de su recaudación a los diferentes entes territoriales.

En aquel momento yo lo achaqué al sarcasmo al que habitualmente recurría este profesor. Cuando -sin habérmelo imaginado nunca por otros motivos que ahora no vienen a cuento- años después me enteré de que lo habían hecho senador en Italia por Alleanza Nazionale, me di cuenta de que aquel día en clase Don Furio -su nombre de pila- había dado rienda suelta a la sinrazón política y de que aquella teoría sobre el IVA no la dijo de broma, sino como un sincero derroche del liberalismo económico más extremo, bajo un marcadísimo pensamiento político conservador; ahora bien, creo que nunca se atrevió a dejarlo por escrito. ¡Igual no entendí yo bien el italiano! Pero, de todas maneras, los extremos no suelen ser muy útiles.

Aquello que se escuchó a alguien ... decirle en sus inicios al presidente del Gobierno, aparentemente a micrófono cerrado, de que lo que se necesita saber sobre esto se aprende en cuatro ratos, seguramente iba referido a que le estaban aconsejando la lectura de La cigarra y la hormiga.

Vamos a respirar hondo, vamos a serenarnos, vamos a sentarnos tranquilamente a hablar y, sin tener que irnos a ninguno de los extremos, ni inventar nada que no esté ya escrito, sin que los políticos sigan pensando en sí mismos, empecemos a llamar a las cosas por su nombre, cogiendo un folio en blanco nuevo. Me da igual quién lo reescriba, siempre que lo haga con buena letra y no se trate de una obra de teatro y menos aun de un juego de máscaras de carnaval. A día de hoy esto no se puede hacer ya desde el discurso político, sino sometiéndose al rigor "científico", sin olvidar los parámetros constitucionales de un Estado social.

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