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Joaquín / De La Peña

Identidad

ES tarde la de hoy para meditar. El crepúsculo tiñe los azules, grises y púrpuras con el bronce oscuro del rostro de un Nazareno que camina desde la seguridad profunda de las murallas hasta las agujas inestables de la Catedral, para completar su particular Vía Crucis. Tiempo hay para todo; para contemplar, para rezar, para disfrutar una ciudad que en este tiempo de frontera se muestra insegura, débil, vergonzosa. Se acerca el cortejo y pienso en lo evocador del gentilicio de la Hermandad, en cuánto esconde tras de sí el nombre que marca esta noche con un carisma, con historias de exilios y quebrantos, con relatos de tristezas y alegrías, con leyendas de miedos y esperanzas; con incomprensión, angustias, ilusiones y quejíos. Se acerca el cortejo y repaso lo mucho que la tan traída y llevada integración debe a nuestras hermandades. Mulatos, negros, gitanos, esclavos liberados, naturales de provincias extrañas y extranjeros; todos encontraron un signo de identificación ante la sociedad y un instrumento de unión interna en su cofradía. Y cada uno de ellos, además, asumió un estilo propio y peculiar, adaptó sus señas recreándolas al modo de entender de Sevilla.

Mucho me temo que la globalización en la que estamos inmersos (mimetismo en el caso de las hermandades) haya fagocitado todo lo singular que, como un poso de riqueza cultural y religiosa, se ha ido depositando en cada corporación. Es propio de las culturas en decadencia llevar hasta límites grotescos pautas de comportamiento que en otros tiempos han sido un éxito manifiesto. Por el contrario, una construcción del presente basada en la evolución de aquellos hechos más genuinos provenientes de la tradición, da lugar a nuevas formas de cultura y, por ende, a un mayor y más efectivo arraigo de la fe.

Es tarde la de hoy para reflexionar y rezar, pero también para observar si las hermandades están más cerca de enredarse en la maraña de su propia autocomplacencia o siguen siendo las instituciones vivas que nos legaron nuestros mayores.

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