Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La Iglesia entra en campaña

HA vuelto a la palestra monseñor Martínez Camino, flamante obispo auxiliar de Madrid y jesuita, aunque no precisamente de la línea del nuevo Superior de su orden, el también español Adolfo Nicolás. El nuevo prelado ha entrado en campaña electoral. Sostiene que "en España, en estos momentos, hay varias leyes que son gravísimamente injustas y deben ser cambiadas porque lesionan derechos fundamentales". Y aquí se adentra en terrenos de filosofía y moral: mantiene que esas leyes se alejan de la "recta razón" y "degeneran sin remedio en dictadura, discriminación y desorden", y conducen a una sociedad "desvertebrada, literalmente desorientada, fácil víctima de la manipulación, de la corrupción y del autoritarismo".

La Iglesia católica tiene todo el derecho del mundo a criticar al Gobierno de turno. Pero también ella es criticable, con el mismo argumento de la libertad de expresión. Me sorprende que un destacado miembro de su jerarquía insista en poner en tela de juicio a la democracia española. Autoritarismo y corrupción hubo a manos llenas durante una dictadura de cuarenta años, con la que cohabitó esta misma Iglesia que ahora se escandaliza. Y por eso perdió el favor de sus fieles. Esos argumentos de cohabitación y la pérdida del favor de los ciudadanos, no son míos, sino del desaparecido cardenal Tarancón, presidente de una Conferencia episcopal heredera del Concilio Vaticano II, que tuvo una ejemplar actuación en los años de la Transición. Tarancón clamó en aquellos tiempos por "una España de todos". La jerarquía actual, de signo abiertamente preconciliar, propugna otras cosas. Y está en guerra política contra el Gobierno socialista.

Es curioso que el nuevo Superior de los jesuitas se aleje expresamente de las maniobras de poder y Martínez Camino tenga la afición contraria. El auxiliar de Rouco descalificó ayer los contactos del Gobierno con ETA, autorizados por el Congreso de los Diputados. Una posición que la Iglesia no tuvo en 1999, cuando el presidente Aznar ordenó una iniciativa similar.

En fin, ayer la Iglesia ha lanzado su programa electoral, en el que insiste en criticar "las dificultades para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública" y se muestra abiertamente contraria a la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía que "lesiona el derecho de los padres a formar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones religiosas y morales". Aquí no sé si hay ignorancia o mala fe. Se reivindica el artículo 27 de la Constitución para reclamar el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban formación religiosa. Pero ese mismo artículo obliga al Estado a formar a los ciudadanos "en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales". Lo contrario sería una teocracia muy del gusto de ayatolás.

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