Con acento propio

Carmen Ferreras

Igualdad salarial

YO no sé si al despertarnos esta mañana todo seguirá igual o algo nos habrá hecho cambiar por dentro. Ignoro si seremos mejores que hace unos días, si seremos más solidarios y sobre todo si seremos más iguales. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero me asaltan dudas, sobre todo en materia de igualdad. Estoy convencida de que son muchos los que han hecho propósito de enmienda ante ciertas actitudes que no dicen nada a favor de los que se empeñan en mantenerlas contra el viento y la marea de los cambios y de los tiempos. Lo que sí sé es que 2007, al que le contamos ya los últimos días de vida y que volvió a dejarnos cifras intolerables de muertes por violencia de género, ha vuelto a registrar un dato que nos separa a hombres y mujeres.

Las feministas del PSOE y del Gobierno de la nación que no tardará en estar en funciones, en lugar de tanto preocuparse por hacer más permisiva todavía si cabe la Ley del Aborto, podrían dedicar su tiempo y sus esfuerzos en evitar titulares como éste: "Los hombres en España ganan una media de 21.093 euros anuales y las mujeres sólo 15.294". Tanto blasonar de la Ley de Igualdad, tanto como se les llena la boca y las diferencias en unos casos son abismales y en otros abisales. La del sueldo no pasa la prueba del algodón. Bueno, la del sueldo y unas cuantas más.

Las diferencias entre los sueldos que reciben en sus respectivos empleos hombres y mujeres siguen siendo muy importantes como importantes son las diferencias que vienen marcadas por las responsabilidades que se otorgan a unos y otras. De poco sirve que el presidente del Gobierno de turno eche mano de la paridad y nos coloque el mismo número o cercano de ministras que de ministros, con la particularidad de que asumen un riesgo que acaban pagando caro. En función de la paridad se colocan por decreto en puestos de responsabilidad no siempre a las mejores, ejemplos hay a porrillo, por lo que no hay que detenerse en ellos.

Con más titulaciones, la misma experiencia y mejor disposición, el puesto que sea se lo lleva antes un hombre que una mujer. El fantasma de la maternidad sigue pesando en el ánimo de esos entes sin alma en el que muchas veces se convierten las empresas. Casi en 2008 como estamos y todavía sigue resultando muy difícil ser mujer y no morir en el intento. La diferencia salarial es como un insulto, como una bofetada sobre todo para las que están preocupadas por aspectos que, en realidad, si nos fijamos bien, están pensados, están hechos a la medida de las ejercientes de la política, las demás no contamos. Si acaso de floreros y ya estamos hasta el moño, sector mayoritario en este país, de ocupar el jarrón de tantos despachos y consejos de administración.

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