La ciudad y los días

Carlos Colón

Igualdad de trato

ABibiana Aído -alias La Miembra- y su prometida Ley Integral de Igualdad de Trato, que se propone erradicar la discriminación por motivos de religión, sexo, edad, raza u orientación sexual, habrán de encomendarse los creyentes españoles para no ser discriminados y ridiculizados. Sobre todo los católicos, porque parece que ser ofensivo para con ellos es algo tan progresista y moderno como ser tolerante para con otras confesiones. Pero que no cunda la psicosis persecutoria. No se trata de la persecución política a lo Nerón que algunos obispos denuncian, algunos medios manipulan con intencionalidad partidista y muchos fieles no vemos por parte alguna; ni del laicismo gubernamental que muchos creyentes deseamos como algo bueno para todos; ni de la Educación para la Ciudadanía que -salvo algunos matices- muchos cristianos encontramos necesaria.

Se trata de algo a la vez más sutil y más zafio: la agresión de los medios de comunicación y el acoso de la inducción al consumo compulsivo unidos al beligerante desprecio de una élite progre y supuestamente ilustrada que, tras traicionar todos sus principios, ha conservado el anticlericalismo como una no comprometedora marca de progresismo. Lo primero responde a lo que desde 1973 Pasolini denunció como la agresión del nuevo poder del consumo "que ya no se contenta con que el hombre consuma, sino que pretende que no sea concebible otra ideología que la del consumo: un hedonismo neo-laico, ciegamente olvidado de todo valor humanístico y ciegamente extraño a las ciencias humanas"; que ataca a la Iglesia, no por que se oponga al progreso, sino porque "ha terminado por pertenecer genéricamente a aquel mundo humanístico del pasado que constituye un impedimento a la nueva revolución industrial consumista". Lo segundo, la alianza entre el consumo y los restos del naufragio progresista, es lo nuevo: los ataques a la Iglesia sirven a los exprogres para disimular su deriva neocom.

Tal vez la Ley Integral de Igualdad de Trato logre que las cadenas de televisión más grosera y ferozmente enemigas de los valores humanistas e ilustrados, y por ello ahora también de los religiosos, dejen de emitir basura tan irreflexiva, zafia y manipuladora como el Salvados por la Iglesia de la Sexta (bien por Heineken y el Ocaso, que han retirado la publicidad). Tal vez, ojalá, logre que los católicos, por el mero hecho de serlo, dejen de ser tratados en el mejor de los casos como tontos bien intencionados y, en el peor, como intolerantes, irracionales, sadomasoquistas, reaccionarios y conspiradores. Tal vez… Aunque lo dudo.

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