La crónica económica

Rogelio / Velasco

'Il sorpasso'

Amediados de la década de los 80, el Banco de Italia realizó una estimación de la economía sumergida en el país transalpino que el Instituto de Estadística incorporó a las estadísticas oficiales, de manera que, de la noche a la mañana, los italianos eran "más ricos". En realidad, fue un reconocimiento estadístico de la economía real. El semanario The Economist se preguntó en la página de portada ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo un país mediterráneo supera en renta por habitante a otro anglosajón?

En este caso, ese sorpasso ha ocurrido entre dos mediterráneos. Ayer, la oficina estadística de la UE, Eurostat, publicó las cifras de renta por habitante de los países miembros referidas a 2006. Las cifras están corregidas por la diferencias de precios entre países, de manera que los salarios midan la capacidad de compra real que tienen en cada uno de ellos.

Aunque conociendo los datos del año anterior y las distintas tasas de crecimiento de Italia y España la noticia estaba anunciada, se ha confirmado que nuestro país ha superado a Italia en renta por habitante. Para una media comunitaria igual a 100, España se sitúa en 105, frente a 103 de Italia.

Al estar incluidos los 27 países de la UE, más significativo quizás sea la comparación con los países que adoptaron el euro que, excepto en tres casos que quedaron fuera, representan a los países más desarrollados con los que debemos compararnos. Respecto de ese restringido club, la renta española se sitúa a un nivel de 95,5.

Es cierto, no obstante, que la diferencia no tiene gran relevancia estadística porque pequeños errores en las estimaciones podrían modificar un punto arriba o abajo el nivel de renta. Pero si lo es del extraordinario avance que España ha experimentado, especialmente en los últimos doce años: en 1995, la renta italiana era un 25 por ciento superior a la española. Ese acortamiento se ha producido en un plazo récord. Y si en ambos países aflorara estadísticamente la economía sumergida, posiblemente la renta española sería aún mayor. Este es un dato de convergencia real entre España y la UE más desarrollada, aunque aún queda algo por encima Francia, Alemania y el Reino Unido.

Pero ni con Italia, con la que se ha producido, ni con los restantes países, está garantizada la convergencia. El mero hecho de partir de un nivel de renta más bajo no garantiza una tasa de crecimiento superior. Como tampoco está garantizada la continuidad de tasas de crecimiento elevadas aún con las mismas políticas que se han ejecutado.

Cambian los papeles relativos de los países en la escena internacional, cambia la composición y edad de la población, se modifican las cargas fiscales y sociales que soportan empresas y ciudadanos, cambian las políticas, los políticos y los mensajes que se lanzan a los ciudadanos. Frente a la complacencia, todo esto exige adaptación, esfuerzo continuado, políticas acertadas, en un proceso que no tiene fin, porque podríamos cometer en el futuro los errores que Italia ha cometido en el pasado.

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