Desde mi córner

Luis Carlos Peris / Lcperis@grupojoly.com

Ilusionantes octavos de final

Se aventuraba un sorteo apasionante y se certifica que para Betis y Sevilla, el resultado es bastante atractivo

INTERESANTE resultado el que deparó el sorteo copero según se mira desde esta latitud. Dos rivales con mucho tirón, pero que hogaño no están acordes con su historial. Más peligroso, cierto es, el Barça que el Valencia, el rival del Sevilla que el del Betis, pero nadie dudará que en estos momentos son dos equipos con más ruido que nueces, con más prosapia que efectividad. Además, en el caso del Sevilla le ha correspondido enfrentarse a un equipo que va a padecer el mismo mal de forma inmediata, el del virus FIFA sector africano, que si el Sevilla los tiene en cantidad considerable, el Barça, aun en menos medida, también se nutre de ellos.

Emparejamientos complicados para Betis y Sevilla, más para éste que para aquél, y lo que sí ha ocurrido es que el derbi se quedó con unas vísperas capitidisminuidas por todo lo que conlleva la Copa y más ahora, con ese sorteo que hace que, sin tiempo de recuperarse de dicho derbi, la ciudad abra los dos campos a la vez para sendos choques de categoría. Ya en octavos y con la certeza de que hasta semifinales sería inviable un derbi copero, la reflexión es que el sorteo pudo ser mejor, bastante mejor de lo que ha sido, pero que ni caben lamentaciones ni el echar de menos un equipo menor en el antepenúltimo escalón con vistas a la gran final.

Sin embargo, los antecedentes no son motivo de optimismo. De siete veces que coincidieron, el Valencia echó en seis al Betis de la Copa, mientras que de diez, el Sevilla se desembarazó del Barça en tres. Antecedentes malos, pero con la curiosidad de que la última vez que el Sevilla se deshizo del Barcelona estaba en Segunda División para, con Salvador Artigas en el banquillo, ganar en Nervión 3-1 y caer por sólo 1-0 en el Camp Nou. La historia dice esas cosas, más malas que buenas en el apartado que nos concierne en estas tan atenuadas vísperas de derbi. Y es que con tanta Copa con mayúsculas, el partido de la máxima llega como de puntillas, sin ruido.

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