La esquina

José Aguilar

Imposible con este personal

EL tiempo perdido nos pasa una factura muy gravosa. Estamos en una situación de emergencia nacional, con serias posibilidades de tener que pedir un rescate que nos empobrecería durante diez años y sin apenas margen de maniobra para evitarlo.

Quizás ya es demasiado tarde para un pacto de Estado que comprometa a los grandes partidos en una política de ajuste equitativamente repartida. Más aún, aunque no fuera demasiado tarde, lo que no se ve por ninguna parte es ni intención de firmarlo ni credibilidad de los llamados a hacerlo.

Vayamos a la credibilidad. La de Zapatero es nula. Estuvo dos años en estas actitudes sucesivas: negando la crisis, reduciéndola a un problema de hipotecas basura USA, rechazando que nos afectara a nosotros, atribuyendo su origen a los gobiernos del PP, culpando a los perversos mercados financieros (al fin y al cabo, gente que quiere rentabilizar su dinero sin importarle ninguna otra consideración), proclamando que la salida se alcanzaría sin coste social alguno y anunciando su final inminente. Ha tenido dos momentos de lucidez, siempre achuchado por la presión exterior: en mayo y ahora. En los dos casos ha tomado medidas dolorosas y necesarias.

El problema es que nadie le cree. Ni dentro ni fuera. Dentro ha revelado su condición de político de convicciones mutables, que se reinventa para dar respuesta a cada coyuntura, incapacitado para convencer al país de que debe someterse a una temporada de sacrificios, sudor y lágrimas. Hacia fuera, no convence de que reducirá el déficit según lo comprometido, concluirá las reformas más profundas y pagará la deuda nacional (es más baja que casi todas las del entorno, pero aun así no se fían de él).

Rajoy aguarda plácidamente a que caiga su enemigo, aunque caiga también el país. No ha ayudado en ningún momento. Ni siquiera ha apoyado a Zapatero en las medidas de recorte adoptadas en las dos ocasiones citadas ni, mucho menos, ha explicado que si él gobernara haría aproximadamente las mismas cosas. Todo su programa consiste en decir que el problema de la economía española es el Gobierno Zapatero y que la solución es disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas. Una temeridad.

Con este ganao es con el que contamos. Puesto que la autoinmolación de Zapatero (en favor de otro socialista, sin necesidad de elecciones) no figura ni por asomo en su vocabulario ni en su personalidad, puesto que tras las elecciones catalanas Rajoy ha mordido la presa y por nada del mundo accederá a soltarla ni moverá un dedo por un presunto acuerdo de salvación nacional y puesto que los dos carecen de credibilidad y solvencia para enderezar la nave, esto tiene mal arreglo. Ya ven que hoy me levanté pesimista.

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