LAS denuncias de ciudadanos, que han aportado pruebas documentales y tomado nota hasta de las matrículas de algunos de los vehículos implicados, han destapado la indignante práctica de decenas de taxistas que durante la Feria se colocaban fuera de las paradas oficiales y exigían a quienes al verlos demandaban sus servicios hasta 50 euros como condición sine qua non para transportarlos, al margen de lo que pudiera marcar el taxímetro durante la carrera. Dado el temporal que se desató sobre Sevilla durante la mayor parte de los días de la Feria y la falta de taxis para la gran demanda existente, sobre todo por la madrugada, un buen número de usuarios no tuvo más alternativa que aceptar estos precios abusivos so pena de desesperarse-a veces más de una y dos horas- en las larguísimas colas junto a la portada del real. Pese a que se han aportado hasta recibos falsos y las matrículas anotadas, el Ayuntamiento dice que nada puede hacer contra estas prácticas mafiosas -el gremio del taxi debería ser el primer interesado en erradicarlas por la mala imagen que dan a todo el sector-, porque la Junta de Andalucía lleva desde 2003 sin desarrollar el Reglamento de la Ley del Transporte con las sanciones a los responsables de estas conductas. Por otra parte, como en la Consejería de Obras Públicas y Transportes esperan al nuevo/a consejero/a, el departamento está sumido en la parálisis administrativa. Y, por ende, el Instituto Municipal del Taxi carece de director desde el año pasado. Conclusión: todas las administraciones implicadas tienen una coartada para pasarse la patata caliente unas a otras, por ausencia normativa o vacío de poder. Y entonces, ¿quién defiende al contribuyente? ¿De qué vale aportar las pruebas de los abusos en la Feria si en las alturas administrativas se lavan las manos? El nonato Reglamento regulará las sanciones a posteriori, pero en el ínterin hay una Ordenanza Municipal del taxi que el Ayuntamiento podría y debería aplicar al menos de forma preventiva extremando la vigilancia para que no haya paradas paralelas, taxistas al acecho con luces apagadas, vehículos con recibos no troquelados y un largo etcétera. Los infractores no deben pensar que la Ordenanza es un papel mojado y los sevillanos sentir que han sido abandonados a su suerte.

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