Desde el fénix

José Ramón Del Río

El Impuesto de sucesiones

LE faltó tiempo a Convergència y Unió, después de ganar las elecciones en Cataluña, para anunciar que su primera medida sería la de suprimir el impuesto sobre las sucesiones. En nuestra España plural, del Estado de las Autonomías, y, como consecuencia de la cesión a ellas de determinados tributos estatales, no cabe duda de que padece, y no poco, el principio de igualdad ante la ley, que, de forma solemne y no siempre observado, proclama nuestra Constitución. Porque la cesión de tributos estatales a las autonomías no se ha limitado a la cesión a ellas de sus rendimientos, sino que se ha acompañado de la facultad de dictar normas de regulación de los tributos cuyos rendimientos recibe. Así ocurre, por ejemplo, con el impuesto sobre sucesiones y donaciones en el que, personas con el mismo grado de parentesco con el causante de la sucesión o con el donante, pagan más o menos, incluso, ningún impuesto, según la comunidad autónoma en el que el fallecido o donante residían, aunque la herencia o donación sea del mismo importe...

Lo de que no pagan ningún impuesto hay que explicarlo: efectivamente en las comunidades de Madrid, en la Valenciana, en la murciana y prácticamente en Galicia, los descendientes, cónyuges y ascendientes, junto a los adoptados, no tributan. Aquí en Andalucía, también los del mismo grado de parentesco pueden no tener que pagar, pero tan sólo si lo que se hereda no excede de 175.000 euros y el patrimonio preexistente del heredero no excede de 402.000 y pico de euros. Parecen muchos esos 175.000 euros, pero se superan fácilmente, porque basta con heredar una casa (que no sea la vivienda habitual) con un valor catastral de 50.000 euros y como los valores catastrales se multiplican automáticamente por tres veces y media, se excede del límite que no paga.

En las 17 autonomías, las gobernadas por el PP (y ahora también por CiU) han eliminado prácticamente el impuesto sobre sucesiones. En las gobernadas por el PSOE siguen en vigor. Es posible que esto sea consecuencia de una política socialdemócrata que pretende la redistribución de la riqueza. Pero se sabe desde hace mucho tiempo que para esa redistribución el impuesto de sucesiones no sirve. Los que hemos liquidado este impuesto muchos años conocemos los dramas que origina, porque el fallecido puede que deje bienes, pero casi nunca dinero, o porque no lo tenía o porque se lo había gastado en su enfermedad. Las herencias de los ricos son rara avis, no porque no se mueran o porque no haya ricos, sino porque los que lo son tienen fórmulas para que los suyos reciban la herencia en vida, mediante sociedades patrimoniales y otros artilugios legales.

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