La ciudad y los días

Carlos Colón

Impuntual 'Mamarrapol Chuminasol'

LA Asociación de Comerciantes del Centro se plantea denunciar al Ayuntamiento por los perjuicios que les va a ocasionar el nuevo retraso. Los placeros ven alargarse su incómoda estancia en las "instalaciones provisionales" en que malviven desde 1973. Juan Ignacio Zoido ha pedido respeto para ellos y exigido al alcalde "que se cumplan los plazos previstos de la obra". ¿Qué pasa aquí? Ya lo saben: el Mamarrapol Chuminasol, también conocido como las setas de la Encarnación, se retrasa otra vez hasta alcanzar los dos años de impuntualidad en su cita con Sevilla. Por mí, como si no llega. Pero no creo que piensen lo mismo quienes tienen intereses vitales (su bienestar: los desdichados placeros confinados en su eternizada provisionalidad) y comerciales (el bienestar de sus empresas: los comerciantes del eje Regina-Puente y Pellón e Imagen-Laraña que esperan que el germánico engendro convierta la zona en un emporio).

¿Y por qué se ha vuelto a retrasar el engendro? Por razones de seguridad, que son las esgrimidas por la Administración cuando los proyectos públicos se empantanan. Dicen que hace dos años se derrumbó un polideportivo construido con pino finlandés -el mismo que va a revestir las setas- en los Alpes bávaros, ocasionando la muerte a 14 personas. ¿Ahora se enteran? Los Alpes bávaros, como su propio nombre indica, están lejos de Sevilla. Pero no tanto como para que la noticia tarde dos años en llegar. También, decía ayer el amigo y compañero Carlos Mármol, puede que se trate de "una de las consecuencias de la denominada arquitectura singular: a mayor riesgo estético, mayor incertidumbre constructiva"; vistos los riesgos estéticos que la obra representa para Sevilla, la incertidumbre que genere debe ser desmesurada, ciclópea, homérica, colosal, sólo comparable a la de Hamlet.

Mientras tanto, otras ciudades -ciudades, no poblachones con ínfulas de falsa modernidad- corrigen errores característicos de los terribles años 60-80. Es el caso de París que, si bien ha digerido (con algún que otro eructo) el centro Pompidou o (en este caso con facilidad) la pirámide de Louvre, intenta solucionar el desaguisado modelno organizado por Bofill y Vasconi sobre el solar que ocupaba la gigantesca estructura de cristal e hierro creada por Baltard entre 1852 y 1870 para el mercado de Les Halles, bárbaramente destruida en 1973; o aprovecha el disgusto del artista ante el mal estado de conservación de su obra, para intentar librarse de las columnas-esculturas con las que Daniel Buren manchó en 1986 el patio del Palais Royal. Aquí, ¡ay!, seguimos en los 70.

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