Visto y oído

Antonio Sempere

Incógnita

Se acaban los Juegos Olímpicos. Y nos dejan una duda televisiva. Una duda relevante. Cómo habría enganchado Pekín 2008 si Televisión Española hubiese apostado de una forma decidida por ellos y los hubiese dado en un canal olímpico. Tal como han estado ubicados, entre La 1 y La 2, al final han acabado por no estar en ninguno de los dos canales. Y ya se sabe lo de divide y vencerás.

La 1 quiso repicar e ir a la procesión. Quiso estar en Pekín, pero no renunció a su Amar en tiempos revueltos, a sus culebrones, a su España directo. Del mismo modo que los documentales en La 2 no faltaron a su cita las series infantiles, los conciertos de madrugada, las películas del cineclub.

El batiburrillo fue de impresión. Y el desconcierto para los espectadores, evidente. Hubo que probar suerte. Hacer zapping. Probar distintos canales. Y tirar mucho de Internet si queríamos saber qué es lo que estaban emitiendo, ya que de lo anunciado a lo realmente transmitido, casi siempre hubo un trecho.

A estas alturas nos queda esa duda. Las audiencias han sido buenas, pero podían haber sido todavía mejores. En el erial televisivo de agosto estaba muy claro que los Juegos Olímpicos de Pekín iban a permitir a Televisión Española liderar todas las tablas. Pero si La 1 hubiese programado con arrojo 24 horas diarias de Juegos y noticias, su cuota de pantalla podría haber rozado el 30% de media. A mi modesto entender, se ha perdido un gran oportunidad. Y el caos ha campado a sus anchas. Que en dos de los tres sábados olímpicos no haya faltado a su cita de tarde en Cine de barrio Paco Martínez Soria da una idea del nivel de España, España, España. País.

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