La ventana

Luis Carlos Peris

Incoherencia en las duras tardes de Las Ventas

ESTAMOS en estas tardes de mayo pegados al televisor para ver ese engendro de feria que es San Isidro, que si Livinio Stuyck levantase la cabeza volvía a agacharla no más ver lo que discurre en Las Ventas una tarde sí y otra también. Y la otra tarde, la del viernes, al fin se redondeaba un cartel en la que dicen es la primera plaza del mundo. Vaya tela de primera plaza con esos carteles infumables, insufribles, absolutamente insoportables. Bueno, pues el otro día se daba, por fin, un cartel acorde con esa tan pregonada categoría del coso de la madrileña calle de Alcalá y el público vibró con un torero nuestro que, paradójicamente, era orejeado y también despedido con algunos pitos. Es increíble que esos que llenan la presunta primera plaza del mundo sean tan inconsecuentes premiando primero y vituperando después. Un día que, por fin, se ve algo en esa plaza, la gente ni se entera y, por supuesto, ni agradece.

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