La ciudad y los días

Carlos Colón

Incombustibles, aunque ardamos todos

NO pasa nada. Reconocer que las cosas pasan obligaría a reaccionar, y esto significaría asumir responsabilidades, actuar y correr riesgos. Es mejor, parece pensar nuestra clase política, correr pocos riesgos; aunque ello suponga que sean los ciudadanos quienes arriesguen su seguridad, su trabajo, su bienestar, su igualdad o su estabilidad política. Es muy difícil que alguien de la casta política sea apuñalado a la salida de un metro o conozca el paro; que tenga que vivir en entornos socialmente degradados, en los que además se concentran los problemas causados por la inmigración incontrolada, o que sufra a causa de la crisis económica el descenso de sus ingresos, la mengua de su capacidad adquisitiva y el deterioro de su calidad de vida; que sus padres tengan que vivir de exiguas pensiones o sus hijos sufrir los estragos educativos que están devastando el futuro de nuestro país.

Por eso en España no pasa nada. El nacionalismo vasco y catalán o la reforma de los estatutos no es un gravísimo problema, ni -en el caso vasco- son evidentes las connivencias entre las formas más supuestamente moderadas y más salvajemente extremas de independentismo. En Madrid los pandilleros de extrema derecha y de ultraizquierda no han protagonizado graves disturbios este fin de semana y no existe un problema de bandas latinas, luego tampoco dos jóvenes han sido apuñalados la noche del sábado en una reyerta. La derecha no está rota, sus pesos pesados no se atacan entre sí, los medios afines no la atacan con más saña que los progubernamentales, Losantos no está en el banquillo denunciado por Gallardón y El Mundo no ha publicado un editorial titulado "Rajoy entre el psicoanálisis y las alabanzas interesadas", en que se afirma: "El psicoanálisis freudiano se basa en que cuando una persona insiste obsesivamente en la defensa de algo es porque no está segura. Eso es lo que le sucede a Rajoy y se le nota mucho".

Por eso el presidente del Gobierno, traicionado una vez más por un micrófono, justifica en privado su resistencia a reconocer la gravedad de la crisis ("si infundes mucho pesimismo, si no dices nada positivo, es peor", le dijo a Lara) con mayor crudeza que en público ("el pesimismo no crea puestos de trabajo", dijo en la Ser, ignorando esa virtud política equidistante del pesimismo y del optimismo que se llama realismo). Lo que le aconsejó Lara a ZP en esta conversación desvelada por el micrófono indiscreto es el lema de la actual clase política: "Te aconsejo que no te quemes tú… Que no hables tú, que hable Pedro Solbes". Ya se quemarán los ministros… O nosotros.

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