La ciudad y los días

carlos / colón

Increíble nación de emigrantes

ESTUVO acertado el triunfador Iñárritu al decir: "A mis compañeros mexicanos, rezo porque podamos conseguir el gobierno que nos merecemos; y a los que están en este país, rezo porque les traten igual de bien que a aquellos que vinieron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes". Aunque no debe olvidarse que lo mejor que aquellos inmigrantes fundadores y constructores aportaron, convirtiendo primero la colonia en una nación y después la nación en una primera potencia mundial, fue el legado de las tradicionales libertades británicas, y los ideales franceses y alemanes de la Ilustración que fueron el soporte ideológico tanto de la revolución americana (1776) como de la francesa (1789), hermanas unidas por la Estatua de la Libertad.

Ojalá Europa y los Estados Unidos no olviden nunca sus orígenes antiguos y modernos. Y ojalá quienes acudan a ellos buscando un mejor futuro -a veces tan sólo un futuro, porque huyen de dictaduras y hambrunas- asuman como propios estos valores. Porque el único futuro que tienen los inmigrantes es este pasado de esfuerzo por el bienestar y lucha por las libertades. Sería terrible para nosotros y para ellos que los inmigrantes importaran los antivalores que han degradado sus países de origen obligándoles a abandonarlos en busca de ese futuro que sólo pueden tener garantizado si Europa sigue siendo fiel a sus raíces -desde las judeocristianas y grecorromanas hasta las ilustradas- que hicieron posible el progreso y las libertades, y si los Estados Unidos siguen siendo fieles a los valores que marcaron la redacción de su Constitución.

Persígase toda segregación racista y xenófoba. Acojan las naciones europeas y los Estados Unidos a cuantos inmigrantes puedan acoger humanitaria y razonablemente (es decir, garantizando sus derechos y ofreciéndoles oportunidades, no condenándolos a la explotación). Y correspondan ellos haciéndose ciudadanos europeos y estadounidenses con plenos derechos y responsabilidades. Lo que quiere decir no sólo regularizar su situación, sino sobre todo asumir con responsable lealtad los valores de sus nuevas patrias. Respétense todas las culturas de las que provienen, pero sólo en lo que de respetable tienen; que es lo que no atenta contra los principios legales, los derechos reconocidos y las normas de convivencia. Porque fue así como se construyó esa increíble nación de emigrantes llamada Estados Unidos.

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