Crónica personal

Pilar Cernuda

Indecisos

SI el segundo debate era clave para determinar el voto indeciso, los indecisos se han quedado a dos velas, sin referencias claras.

En el PSOE dan vencedor claro a Zapatero y en el PP dan vencedor claro a Rajoy, y los dos tienen razón, los dos partidos cuentan con argumentos sólidos para sentirse ganadores. Los dos candidatos estuvieron bien en las formas, los dos candidatos cometieron algún error y los dos candidatos pegaron con contundencia al adversario. Se equivocó Zapatero al insistir en la famosa primera pregunta parlamentaria de Rajoy, porque no era tal como decía el presidente, y se equivocó Rajoy al decir que Zapatero había apoyado en Naciones Unidas la intervención en Iraq. Lo que ocurre es que el presidente de Gobierno está obligado a estar por encima del aspirante, está obligado a ser más sólido, más seguro en sus datos, más contundente en sus afirmaciones, y no vimos así a Zapatero.

Hubo un asunto que quedó colgando y que no es un asunto menor: el del respeto a la lengua castellana en Cataluña. No hizo un solo comentario a la multa que habían impuesto a quien exhibía un anuncio en castellano, y tampoco respondió al reto de Rajoy de decir que garantizaría el derecho de cualquier español a recibir enseñanza en castellano.

Con ese panorama, los indecisos están obligados a hurgar en el baúl de los recuerdos o en las hemerotecas para saber a quién prefieren votar. Lo que por otra parte es de sentido común, no se puede decidir el voto en función de un debate o de dos debates. Se presenta un presidente que ha gobernado durante cuatro años y un aspirante que ha sido líder de la oposición durante cuatro años, en buena ley el voto debe ser para aquel que ha acertado más en su gestión, en la asunción de sus reponsabilidades y en la resolución de los problemas.

Zapatero dedica la campaña a demoler dialécticamente la oposición de Rajoy, le acusa de no colaborar en los asuntos de Estado y de utilizar la lucha contra el terrorismo de forma innoble. Rajoy dedica la campaña a deshacer punto por punto la política de gobierno de Zapatero y, sobre todo, a acusarle de engañar sistemáticamente a los españoles, aparte de no tomar medidas de prevención para evitar las consecuencias de la desaceleración económica.

Las palabras mentira y falsedad se han pronunciado en los debates con una profusión inquietante para cualquier español al que le gusta sacar pecho presumiendo de sus dirigentes políticos, pero esto es lo que hay: un país desencantado por cómo han transcurrido las cosas en el último año. El PP considera que Zapatero no ha dado la talla, y muchos militantes socialistas mantienen tambien esa idea. Pero en el lado del PP también hay un sector que se siente desencantado porque Rajoy no ha sabido aprovechar mejor los muchos errores de Zapatero, y además no están de acuerdo con el tinte derechista de algunas decisiones.

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