La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

India y el G20

AUNQUE los atentados de Bombay no requieren más interpretación que la presencia, una vez más, de la barbarie terrorista, el papel económico de India es tan importante que resulta obligado referirse a el para valorar las consecuencias de lo ocurrido.

El año pasado India cumplía sesenta años como país independiente. Se ha dicho que, junto con China, su papel en la política y economía actual es comparable al que representó Alemania en el siglo XIX y EEUU a principios del XX. Con una población de más de mil cien millones de personas y un crecimiento anual cercano al 9%, es una potencia geopolítica. Sus contradicciones internas son fortísimas: conflictos religiosos, parte de la población sufre una extrema pobreza, divisiones de castas, y sus infraestructuras y servicios son muy deficientes. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, decía de su país que era "parte California y parte África Subsahariana", ya que tiene empresas tecnológicamente muy avanzadas y profesionales de elevado nivel en cálculo, ingeniería, arquitectura y desarrollo de programas informáticos. Además, India es una democracia que sigue, a grandes rasgos, los modelos de Europa y EEUU, que la ven como un contrapunto a China, en la zona.

Aunque sorprende por su extrema violencia este es el quinto atentado que sufre el país en el año; en Bombay hubo uno en 2006, en 2003, y años atrás en 1993, que se consideraron obra de movimientos separatistas; pero sea un problema interno, en un país con una larga tradición de atentados y magnicidios, o un problema vinculado a Pakistán y Afganistán, no es el momento ahora de hablar de los problemas de la India, sino de las posibles repercusiones de este ataque en el momento en que se encuentra la economía mundial. En la reciente cumbre del G20, India ha ocupado un papel principal; sus reservas de divisas son de cerca de 250 mil millones de dólares, y su apertura comercial y su capacidad de crecimiento son una buena alternativa a la recesión internacional. No puede ser casualidad que se haya elegido la capital financiera de la India para este atentado, cuando el sistema financiero internacional es más frágil que nunca.

El peligro es que los ataques pueden llevar a una salida de capital extranjero, hundir aún más la divisa que se ha depreciado en el año un 24% respecto al dólar, y perder capacidad para financiar el déficit de su balanza comercial, así como de endeudamiento para cubrir el déficit público. El daño se hace donde las expectativas son mejores y hay alguna posibilidad de demanda para la recuperación económica, y la India está cumpliendo hoy ese papel. Se echa en falta que la reunión del G20 haya dejado un vacío hasta la próxima reunión en Abril. Lástima que no se hubiera creado un comité permanente para asuntos que lo requirieran. Pero sí es posible, a iniciativa de EEUU o Gran Bretaña -tras una consulta rápida con el resto- tomar una posición y asumir compromisos respecto a la estabilidad financiera y al tipo de cambio de la India, para evitar que hechos como este desestabilicen el país y aún más la economía internacional.

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