Las dos orillas

José Joaquín León

Influencia del terrorismo

LO peor del atentado terrorista del pasado viernes fue que murió Isaías Carrasco, ex concejal del PSE, un objetivo fácil, un hombre casado y con tres hijos, desprotegido, asesinado por ETA con la cobardía y vileza que la caracteriza. Y lo peor es también que el terrorismo ha vuelto a demostrar el peso político que tiene en una campaña electoral. La influencia en los resultados de hoy está por ver. No voy a entrar en el dilema estúpido de si este crimen beneficia a Rajoy, que se ha opuesto a la negociación con ETA, o a Zapatero, por el factor emotivo de que la víctima es un militante socialista. Este atentado criminal no beneficia a nadie, sino que perjudica muy gravemente a la democracia española.

Los etarras han conseguido uno de sus objetivos: ser los protagonistas en el final de la campaña electoral. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, había comentado en público y en privado que ETA asesinaría a alguien en la campaña. Y que si no lo conseguía, sería porque no pudiera. Pero aunque en el entorno del Gobierno se contemplara la posibilidad de un crimen etarra como una desgracia casi inevitable, la crueldad supera todas las previsiones. Los terroristas han matado a Isaías Carrasco para dar a entender que mantienen su capacidad de asesinar, pese a estar debilitados por tantas detenciones, y que además pueden permitirse la chulería de hacerlo el último día de campaña para llevarse todas las portadas de la jornada de reflexión. También han conseguido dar nuevos aires a los fantasmas del pasado, incluida la falsedad de la vinculación con los islamistas que cometieron la masacre del 11-M de 2004.

En esas condiciones me ha parecido un error suspender los últimos actos de la campaña. Ya sé que mantenerlos se hubiera criticado más, se hubiera presentado como una muestra de insensibilidad con la pobre víctima asesinada, como una crueldad de los políticos preocupados sólo por los votos. Pero si paramos la vida por culpa de ETA le estamos dando a los terroristas el mensaje de que nos condicionan, de que son ellos quienes escriben la última palabra en la agenda. El único mensaje para los terroristas debe ser la inutilidad absoluta de lo que hacen, la certeza de que la democracia sigue su vida normal y que ellos están fuera de la realidad.

El problema para nuestra democracia no es que ETA haya demostrado que tiene medios para matar, sino lo que ocurra en los próximos días, las próximas semanas, los próximos meses. Otra vez un atentado obliga a votar en condiciones de anormalidad. A partir de mañana, gane quien gane, es necesario un gran pacto de Estado para que los terroristas de todos los signos y pelajes tengan muy claro que las pistolas y las bombas no votan en las urnas.

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