Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Informe

DEBE de ser duro ratificarse en el puesto de trabajo, al cabo de treinta y tantos años, cuando algunos murmuran que al afectado le ha llegado la jubilación. El Rey se dio una vuelta este domingo por Jerez, para dorarse un poco más la popularidad y la proximidad. Le entrevistaron con respeto lumbar y hasta intentó mediar entre las dos estrellas españolas de Moto GP, que se afanaban en no mirarse a la cara. Ahí estaban las cámaras, aunque fuera a trompicones. La retransmisión jerezana tuvo sus momentos de comentarios hooligans, pero se hizo un trabajo completo y entretenido. Se puede interpretar que TVE se ha desmedido con las motos, pero no les quedan muchas alternativas para engatusar al personal a través de los rentables acontecimientos.

Informe Semanal nació cuando Franco aún estaba perita, con Carrero y sin flebitis, y el Rey aguardaba solo y silencioso en el banquillo. Ambos, el Rey y el Informe, son héroes de estos tiempos donde todo envejece y se supera como ovejas clonadas. La supervivencia de este programa en la parrilla provoca una íntima veneración. La sintonía de Informe Semanal, compuesta por Rafael Beltrán, me evoca olor a jabón, el de los baños semanales concienzudos de la infancia, en el atardecer de los sábados. Ya hay pocas cosas que nos hayan acompañado toda la vida.

El recopilatorio de los 35 años, Las edades del Informe, fue escueto y tomaba por las orejas a imágenes y protagonistas, pero fue una inestimable muestra del patrimonio amasado por este icono de la emisora pública, tan falta de ideas, de estilo y de referentes. Este sábado Rosa María Calaf visitaba Bután, un país anclado en la Edad Media que incorporó la televisión hace sólo nueve años. Las familias se quejaban de que la pantalla les ha privado de la conversación en la mesa. Y habría que decirles que eso es sólo el principio.

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