las dos orillas

José Joaquín León

La Inmaculada es de Sevilla

HOY sigue en besamanos la Virgen de la Concepción en San Antonio Abad. Ayer se celebró, al sevillano modo, la fiesta concepcionista, entre coplas de Miguel Cid, laudes a la Pura y Limpia del Postigo, baile de seises en la Catedral y grandes fastos. Sevilla alardea de ser la capital del dogma. Así que es un buen momento para reclamar que devuelvan la Inmaculada que robaron. Sobre todo ahora, cuando está aquí temporalmente, en la iglesia de los Venerables, que es su sitio original, en la exposición Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad. Esa Inmaculada se debería quedar ahí para siempre, porque es su lugar natural, de donde la robaron los franceses por la misma cara.

La historia es suficientemente conocida. En 1678, el canónigo Justino de Neve contrató con Bartolomé Esteban Murillo un cuadro de la Inmaculada, que posteriormente donaría para la iglesia del Hospital de los Venerables. Allí estaba cuando la ocupación de la ciudad por las tropas francesas. En 1813, el mariscal Soult, gran expoliador, un chorizo tremendo, se la llevó a su casa de París, junto a otras obras de arte de Sevilla. Cuenta el profesor Enrique Valdivieso que, en 1852, el Museo del Louvre pagó 615.300 francos de oro en una subasta, que era el récord jamás alcanzado hasta entonces. Volvió a España, en la posguerra, tras un acuerdo del Gobierno de Franco con los franceses, en 1941, por el cual el Museo del Prado dio al Louvre el retrato de Doña Mariana de Austria, obra de otro sevillano, Velázquez, a cambio de la Inmaculada de Murillo. Los franceses se pusieron contentos con el trueque, porque les gustaba más Velázquez. Pero la Inmaculada se quedó en Madrid, en el Museo del Prado. No volvió a Sevilla.

En la España de las autonomías esto es inaceptable. Si la Inmaculada de Murillo fuera catalana, estaría de vuelta en Barcelona desde antes de que Tarradellas dijera "Ja soc aquí". En Sevilla es diferente. Ha protestado el grupo del PA en la Diputación, que presentó una moción, aprobada por unanimidad, reclamando que sea devuelta. Pero el Ministerio de Cultura se ha lavado las manos y ha contestado que se dirijan al Museo del Prado y pregunten. Sería conveniente que las autoridades de la ciudad, empezando por el alcalde Zoido, presionen al Ministerio de Cultura, cuyo titular es Wert, que está en todos los líos, para que El Prado ceda la Inmaculada de Murillo a Los Venerables, su sitio natural. En el museo madrileño hay muchos cuadros, y no le pasaría nada por cederlo para que sea expuesto y se quede donde lo robaron.

Ahora está en Sevilla, en una exposición que se puede visitar hasta el 20 de enero. Después esa exposición irá a Londres. La Inmaculada debería viajar con un billete de ida y vuelta.

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