PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Insisten en el dinero sin control

LA falta de control en el uso del dinero público es una de las claves tanto del excesivo gasto como del despilfarro y también de la corrupción. En Andalucía, la Mercasevilla que destapa por azar la cadena de fraudes en la Consejería de Empleo da lugar a un convencimiento sobre la necesidad de cambiar los métodos de gestión en el reparto de ayudas, y sobre la obligación de tomarse en serio el papel de los interventores antes y después de la distribución de millones de euros. Sin embargo, pese a que arrecia la polémica por el escándalo de los ERE, y pese a la proximidad de las elecciones, en las que Griñán admite que dicho tema pasará factura en las urnas al PSOE, el Gobierno andaluz, a través de la Consejería de Empleo, continúa transfiriendo millones a espuertas sin exigir una detallada explicación de su uso. E insiste en favorecer el modelo del reparto de subvenciones sin pormenorizarse a priori por qué son adecuadas esas cuantías.

Si ven el Boletín Oficial de la Junta del 23 de diciembre, y el del 12 de enero, constatarán que la Consejería de Empleo dirigida por Manuel Recio autoriza el abono de 99 millones de euros a la CEA, UGT y CCOO para "programas de formación y empleo". Y los reciben sin "justificación previa" de cómo van a materializar el uso del dinero. Además, Recio firmó el 29 de noviembre una resolución por la que exime a 149 entidades (ayuntamientos, sindicatos, empresas) de justificar los fondos que se les entregan para fomentar el empleo.

No pongamos tan a prueba ni la honradez ni la sapiencia por generación espontánea a la hora de saber rentabilizar el uso de cada euro para fomentar empleo. El balance de la concertación entre Junta, CEA, UGT y CCOO es una paz de intereses creados para aprovecharse de su estatus, y fuera de sus organigramas lo que hay es una economía desastrosa, ayuntamientos arruinados tras engolfarse con suelos y ladrillos, y una sociedad de escasa ética y animada a contemporizar. Insistir en el dinero sin control y en la viña sin vallado es lo opuesto a la competitividad que nos exige Europa. Y al futuro que le estamos dilapidando a nuestros hijos.

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