La ciudad y los días

Carlos Colón

Intelectuales y política

Aun prestigioso catedrático le duele la actual separación entre los intelectuales y la política. "Pocas veces -escribe en El temor de los intelectuales a la política (El País 29-8-09)- habían estado tan alejados los intelectuales y el mundo político… Para ser más precisos, los mezquinos intereses personales han destruido los llamados intereses públicos de los intelectuales". No comparto su dolor. Mejor dicho, no lo comparto si por "mezquinos intereses personales" se refiere al esfuerzo de cada ser humano por su felicidad y la de sus suyos, a condición de que no se pague al precio de la de los demás. No lo comparto si se refiere a la concreción de la filantropía en los próximos, siempre preferible a su disolución en ese concepto abstracto que tantas veces ha llevado a asesinar a los individuos en nombre de la humanidad. Y no lo comparto si se refiere a los afectos, temores, esperanzas, angustias, alegrías, dolores y sueños que mancomunan a toda la humanidad y tejen la vida cotidiana de millones de hombres y mujeres anónimos que, como el arte desvela cuando verdaderamente lo es, comparten un universal patrimonio emocional. Esto es lo que de Occidente a Oriente, de Norte a Sur o de pasado a presente me han enseñado Ford u Ozu; Proust, Sábato, Conrad o Bellow; Bach, Beethoven o Messiaen. Y también tantos grandes pensadores desde Sócrates a Kant, Unamuno o Hannah Arendt.

En estos creadores y pensadores parece pensar el autor del artículo, ya que cita como modelo de la intervención pública de los intelectuales a Julian Benda, quien afirmó que "la labor del intelectual es defender los valores universales, por encima de la política del momento". Si esto fuera así, si la tarea del intelectual en la política fuera esta defensa de los valores universales sobre la circunstancia política, y si existiera un consenso ético suficiente sobre la naturaleza de esos valores universales, estaría de acuerdo con el profesor Jahanbegloo en deplorar la separación entre los intelectuales y la política.

Pero también han existido Erenburg, Sartre, Heidegger, Speer, Hansum, Ridruejo o Céline; es decir, grandes intelectuales que han sucumbido a la fascinación de los sistemas totalitarios que acabarían radicalmente con esos "mezquinos intereses personales" para instaurar un nuevo orden mundial. Puede que uno de los problemas más graves del siglo XXI sea la separación entre los intelectuales y la política. Pero tal vez, siquiera en parte, ello se deba a que uno de los problemas más graves del siglo XX ha sido la participación de tantos intelectuales en las políticas totalitarias.

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