La tribuna

Rafael Caparrós

Internet y sociedad red

EN la reciente almoneda de ofertas electorales, resulta destacable la formulada por el presidente Chaves respecto al acceso gratuito a Internet a 1 Mb para todos los andaluces. Dejando al margen el hecho de que un mega es una velocidad desesperantemente lenta -que ya no ofrece ni siquiera Telefónica a sus clientes de tarifa plana: el mínimo actual son 3 megas, pese a lo cual sigue siendo la más lenta, así como la más cara, de toda Europa-, parece evidente que esa universalización de Internet pretende ser el medio adecuado para facilitar el acceso de Andalucía a la tan inevitable como todavía distante sociedad de la información.

Ahora bien, en cuanto a tal acceso hay algunos errores que conviene esclarecer. Uno de ellos consiste en creer que basta con aumentar la inversión en I+D+i para lograr los avances tecnológicos pretendidos. Cuando en realidad ello depende asimismo crucialmente de factores institucionales tales como los incentivos individuales en la apropiación de beneficios, la legislación de patentes, el acceso mayoritario de la población a la capacitación y el conocimiento digitales, la cultura empresarial predominante, la disponibilidad de capital riesgo, etc.

Pero el error más importante -en el que ya han incurrido las políticas europeo-comunitarias de I+D+i y que Chaves parece condenado a repetir-, es creer que para acceder a la nueva sociedad de la información basta con promover la conectividad a Internet. Porque una cosa es la creación de un nuevo espacio social, el espacio electrónico virtual, del que Internet es una parte importante, pero no la única, y otra muy distinta, organizar, estructurar y promover la existencia de una nueva forma de sociedad en ese espacio virtual. Se puede estar conectado a Internet y abrir una página web desde una empresa o institución sin participar por ello de la sociedad de la información, en el caso de que se mantengan los hábitos y las fórmulas organizativas y funcionales tradicionales de la sociedad urbana industrial.

Conectar una escuela a Internet y crear aulas informáticas, por ejemplo, sirve de poco si la organización escolar no se ha convertido en una escuela-red; si uno se limita a colgar en la web los libros de texto y los apuntes, si el tiempo escolar y el laboral no se estructuran de otro modo y si no se aprende a hacer cosas en red, trátese de estudiar, colaborar, competir, jugar, trabajar en grupo o ser evaluado. Por ello, cabe afirmar que el plan e-learning, diseñado conforme a los erróneos presupuestos del Programa eEurope 2002, ha sido un fracaso en las enseñanzas primaria y secundaria de los Estados miembros de la UE, porque el objetivo principal ha consistido en llevar Internet a las escuelas, en lugar de llevar las escuelas a Internet y desarrollar procesos educativos en red con tecnologías multimedia diseñadas para cada nivel escolar. Y lo mismo cabe decir de las políticas comunitarias de correo electrónico, que conciben a Internet como un mero escaparate de bienes y servicios; a la Administración electrónica, que se ha limitado a colgar el BOE o la documentación administrativa en una página web; a la telemedicina; a las bibliotecas y archivos digitales, etc.

Para adecuarse al modo de producir actual, basado en la digitalización y en las redes complejas que se tejen a escala global (un modo al que se empieza a llamar zaraísmo) hace falta una auténtica "revolución política" que transforme la lógica funcional de las instituciones sociales, políticas y administrativas existentes, para que la generalización de la conectividad a Internet adquiera el adecuado sentido transformador global de los comportamientos sociales. La lógica de este nuevo zaraísmo, y la de la propia sociedad red, que inexorablemente se nos imponen, exige el acceso libre, inmediato y simultáneo a toda la información por parte de todos los intervinientes potenciales. Y eso es algo en gran medida incompatible con la lógica funcional de las burocracias disciplinarias públicas tradicionales, caracterizadas por el "secretismo y la opacidad" (Weber dixit), que presiden el pesado funcionamiento de sus flujos comunicacionales predominantemente verticales.

No es casual que el máximo experto mundial en el tema, el sociólogo neomarxista español Manuel Castells, haya propuesto en 2004 sustituir los conceptos de sociedad de la información y sociedad del conocimiento por el de sociedad-red: "Internet no sirve de mucho en la universidades, dentro de un contexto cultural y académico que, a menudo, poco ha cambiado desde las escuelas teológicas de la era preindustrial. Si, en vez de eso, consideramos a nuestra sociedad como una sociedad red, debemos situar en el centro del análisis la capacidad para organizarse en red, local y globalmente, de las instituciones, las organizaciones y los actores sociales."

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