Crónica personal

Alejandro V. García

Interrupción

UNA de las consecuencias de los atentados terroristas, como el ocurrido en la madrugada de ayer junto al cuartel de Legutiano, en el que perdió la vida un guardia civil de Melilla, de 41 años, y otras cuatro personas fueron heridas, es el de banalizar la importancia de los acontecimientos que hasta un minuto antes concentraban nuestra atención. El fatal estrépito de las bombas nos interrumpe abruptamente y nos distrae de los asuntos que en apariencia habían subyugado la atención de la comunidad. Y los muertos y los heridos recientes captan todos los sentimientos de dolor, de rabia y de desprecio que somos capaces de generar. Ante la acción gratuita del terror cualquier suceso o controversia nos parece desvaído, insignificante y miserable.

¡Y cómo envejecen los periódicos de papel antes incluso de que el lector pueda abrirlos! ¡Qué absurdo el empeño de un día antes por desbrozar el contenido de las otras noticias! Todo, o casi todas las crónicas que contienen, están marcadas por una especie de ignorancia original que las convierte en extemporáneas. Incluidos los comentarios de fondo, concebidos en un marco de inocencia que ahora, con el destrozo de los explosivos a la vista, las víctimas en las hospitales o en la morgue y las familias destrozadas, resulta intolerable.

También es intolerable el tiempo empeñado en absurdas diatribas mientras los terroristas ultimaban los preparativos, conducían sus furgonetas y las estacionaban junto a los objetivos. Absurdas las discusiones sobre la conveniencia de apoyar o no en los ayuntamientos las mociones éticas contra los alcaldes dependientes de siglas cercanas a los violentos. Incomprensible la tardanza del PSOE en ilegalizarlos. Siniestras las dudas que han surgido entre los concejales de Ezker Batua a la hora de dejar solos a los indeseables y carentes de sentido las objeciones oportunistas para burlar la obligación moral de constituir un frente común contra los terroristas. Mal día el escogido por alguien tan combativo y franco en la lucha contra ETA como María San Gil para afrentar a Rajoy.

Por fortuna ayer los grupos parlamentarios fueron capaces de hacer lo que no lograron el 7 de marzo, cuando el atentado de Mondragón, en el que murió el militante socialista Isaías Carrasco: suscribir, junto a empresarios y sindicatos, una declaración común en la que se comprometen a "seguir defendiendo la vida, la libertad y combatir a ETA hasta derrotarla" y en la que advierten que "los terroristas no conseguirán sus objetivos" y sólo les espera "la aplicación de la justicia". Por fortuna quedaron fuera en esta ocasión los intereses sectarios y programáticos de otros momentos. Algo ha cambiado.

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