La ciudad y los días

Carlos Colón

Irritación atea, indiferencia creyente

LA campaña de publicidad (probablemente) atea es una estupidez de tal calibre que no merece ni una palabra ni dos letras. Allá con sus obsesiones, quienes las tengan ateas. Como allá con las suyas, quienes las tengan religiosas. Los ateos, agnósticos o creyentes sensatos no pierden el tiempo afirmando sus increencias o creencias a través de anuncios en autobuses. Procuran vivir (casi siempre de manera muy parecida: una buena persona es una buena persona -como una mala es una mala- sea o no creyente) de acuerdo con sus convicciones. Porque ser ateo no es carecer de ellas, despreocuparse y disfrutar de la vida cual zángano marbellí (tan alicaídos ahora, los pobres) o concursante de realitichou, como sugiere el anuncio memo que parece dirigido más contra Kant y la ética laica que contra Dios. Y si tienen dotes artísticas o intelectuales escriben, pintan, componen, filman o sacan procesiones (que en algunas ciudades, como la nuestra, y en algunos casos, que no nombro para ofender a los no citados, es una alta forma de creación) de acuerdo con esas mismas convicciones.

Entonces, si la cosa no merece ni una palabra ni dos letras, ¿por qué éste es el segundo o tercer artículo que le dedico? Porque parece que los memos unidos jamás serán vencidos, que los incautos (ateos y creyentes) están embistiendo al trapo y que la memez es más contagiosa que la gripe. Sería un signo de buena salud cívica que el autobús de marras circulara entre la irritación de los ateos, que no por serlo dejan de preocuparse por tantas cosas como lo merecen, y la indiferencia de los creyentes, que saben muy bien que ese torpe mensaje que relaciona a Dios con la infelicidad nada tiene que ver con ellos.

Que se pase quien lo haya redactado por Sevilla una mañana de Domingo de Ramos y verá lo desgraciados que somos los creyentes, lo tristes y macilentos que estamos, lo mucho que Dios nos impide disfrutar de la vida. Que se pase cualquier día del año por Manos Unidas o por Cáritas, y verá cuánto lamentan los más desfavorecidos -ésos que no pueden despreocuparse y disfrutar de la vida porque les falta lo más necesario- que existan cristianos que se preocupen por los demás. Y cuando lo haya hecho debería pasarse también por tantas ONG no confesionales a las que su ausencia de creencias religiosas no les permite despreocuparse y disfrutar, como si sus semejantes no existieran.

No escribo, pues, este artículo para protestar contra los autobuses o pedir que no circulen por Sevilla, sino para protestar contra la memez y pedir que no se caiga en la trampa de discutir sobre lo que no merece hacerlo.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios