Editorial

El Estado Islámico, más cerca de lo que pensamos

EL Ministerio del Interior ha confirmado que el zulo encontrado la semana pasada en Ceuta con armas y un pendrive que almacenaba información pertenecía a una célula del Estado Islámico. Aunque todo indica que los datos sobre objetivos eran de 2013 y, por lo tanto, estaban anticuados, no deja de ser inquietante el hecho de que sea la primera vez que se encuentra un depósito de armas de esta banda yihadista en territorio nacional y apenas a unos kilómetros de Andalucía. A estas alturas, no vamos a descubrir los estrechos lazos humanos, culturales y económicos entre la plaza norteafricana y nuestra comunidad autónoma.

El propio director general de la Policía, Ignacio Cosidó, afirmó ayer que el hallazgo de dicho zulo es "una muestra más de que la amenaza del terrorismo yihadista tanto para España como para el conjunto de la Unión Europea existe". Lejos de ser un problema exclusivo de Siria, Iraq u Oriente Próximo, el Estado Islámico amenaza continuamente cualquier ciudad y cualquier pueblo de toda la geografía europea. Desgraciadamente, hemos tenido pruebas suficientes de que lo afirmado no es ninguna exageración. Por eso, es ahora el momento de exigir la creación de métodos, cuerpos policiales y bases de datos que permitan la máxima colaboración entre las diferentes fuerzas de seguridad e inteligencia de Europa. Esperemos no tener que asistir de nuevo a una masacre como la de Bruselas para que la clase dirigente del Viejo Continente vuelva a tomar conciencia de que sólo desde la unión internacional se puede hacer frente a un fenómeno que es de naturaleza internacional.

Los cuerpos policiales españoles, acostumbrados durante décadas a la lucha contra el terrorismo de ETA, han vuelto a demostrar su alto índice de efectividad en el combate antiyihadista. Sólo desde una presión policial continua se pueden evitar atentados cuya naturaleza indiscriminada y suicida hace que se puedan perpetrar con relativa facilidad. Sin embargo, todos tenemos que aportar nuestro grano de arena, principalmente manteniendo la calma ante la amenaza y no presionando a nuestros políticos cuando tengan que tomar medidas poco populares y caras, como, por ejemplo, el aumento de las tropas en Malí. Después, exigiendo a los gobernantes que no bajen la guardia. Los terroristas están cerca, de eso no cabe duda, pero tenemos herramientas de sobra para derrotarlos. Sólo es cuestión de tiempo, inteligencia y coraje.

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