Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Ítaca, ¿dónde estás?

En el poema épico laOdisea, Homero relata las aventuras del héroe griego Ulises, que tras la caída de Troya, emprende viaje de retorno a Ítaca, su país de origen. El paso de un lugar a otro, de un personaje a otro, ha hecho que poéticamente se valore más al viaje en sí mismo, a las etapas, al transcurso de una vida, que al objeto del mismo, el retorno a Ítaca. Puede ser. Pero tener el objeto final del viaje tan claro, el deseo de regresar a casa, permite a Ulises saber que cada episodio, por importante que sea, es sólo un fragmento de algo mayor, su propia vida. Lo motiva la fuerza interior del objetivo final. Es el deseo de alcanzar una meta buscada el que va moldeando una existencia.

En Sevilla, como en otras ciudades de importante historia artística, se corre siempre el peligro de que el peso de la historia y la tradición anule lo contemporáneo. Y lo que es peor, que creamos que son aspectos irreconciliables. Además existe la tentación de convertir las llamadas ciudades de arte en ciudades para el turismo de arte, favoreciendo el consumo de ese aspecto de la ciudad como único producto. El potenciar este modelo y dejar de lado la actividad artística contemporánea puede conducir a que la ciudad se vuelva cada vez más cerrada, irrespirable y que cualquier propuesta innovadora sea vista con desconfianza. Sevilla necesita la modernidad para poder respirar. Sevilla necesita la modernidad para la vida de las nuevas generaciones y para todos aquellos que necesitan lo nuevo, la creatividad como parte de la vida. Tanto en pintura como en arquitectura, teatro y literatura, danza y música y en todas las formas nuevas de manifestaciones artísticas necesitamos la modernidad, el aliento de lo contemporáneo para poder respirar. Y las nuevas generaciones de artistas locales nos marcan el camino. Con precariedad, factor común de la vida actual de los más jóvenes, pero con claridad. Una parte de los ingresos del turismo de arte podría ser reinvertido en iniciativas de vanguardia y en su promoción.

Porque Sevilla como ciudad necesita algo más. Nos falta la formulación de un objetivo de más alto nivel. ¿Qué deseamos llegar a ser? Necesitamos como Ulises, la fuerza interior del objetivo final que es la que moldea la realidad. La fecundidad de la utopía consiste en su capacidad de abrir posibilidades. Plantear objetivos aparentemente utópicos, tiene un valor estratégico en sí mismo. Nos hace movilizar todo nuestro ingenio y nuestros recursos para ir consiguiendo paso a paso acercarnos al objetivo final. Es lo que llamamos la "estrategia Ulises". Y es aplicable tanto a personas como a colectivos.

Las ciudades como Sevilla corren el riesgo, ya evidente, de ser casi nada más que centros turísticos vinculados a la memoria, a los monumentos de otro tiempo y al comercio de todo ello. Sabemos que se vive bien donde existe la complejidad. Donde la modernidad convive con la tradición y el amor por el lugar. Donde la ética ocupe un lugar más importante que la estética. Sevilla necesita la formulación de su Utopía. Necesitamos encontrar el rumbo a Ítaca.

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