La ciudad y los días

carlos / colón

El JHS de Susana Díaz

LO de Pedro Sánchez convertido en Joe Rigoli [para los más jóvenes: cómico argentino que popularizó lo de "yo sigo…"] es un espectáculo patético. Obtiene en diciembre los peores resultados en la historia del PSOE, pese a enfrentarse a un PP achicharrado por el doble fuego de las duras medidas adoptadas para combatir la crisis y los tremendos escándalos de corrupción. Los empeora en las elecciones de este domingo. Y su respuesta es que ha evitado el sorpasso, cuando él y todos sabemos que lo ha evitado el hundimiento de Unidos Podemos. Pero no dimite. Se aferra al cargo como Ulises se ató al mástil para no sucumbir al canto de las sirenas. Lo malo es que esta vez "canto de sirenas" no alude, como es habitual, a un discurso seductor y engañoso que procura la perdición de quien lo oye, sino a la realidad de los resultados electorales. Atarse al cargo para ignorar la realidad, creando fábulas exculpatorias, es una grave patología en cualquiera y más aún en un político. Porque si negar la realidad trae en lo personal funestas consecuencias a los individuos y sus familias, en lo político las trae a un partido esencial para la vida democrática española y a los ciudadanos todos.

Muy distinto es el realismo de Susana Díaz, también perdedora que debería hacer suyo el JHS de los jesuitas en versión Jaén, Huelva y Sevilla (ésta con empate en escaños), tanto en el diagnóstico ("la mera hipótesis de un acuerdo con Podemos ha restado mucha credibilidad a nuestro proyecto político"), como en el tratamiento ("toca reconstruir un proyecto auténticamente atractivo y con credibilidad suficiente para salir de la oposición"). Cuando un partido con tanta historia se viene abajo la solución está en él mismo, en la recuperación de su propio proyecto: la crisis del socialismo sólo se supera con más socialismo, lo que en el siglo XXI quiere decir más socialdemocracia.

Éste es el camino que llevó al PSOE a sus triunfos electorales de los 80 y los 90 tras el Congreso Extraordinario de septiembre del 79, en el que renunció al marxismo dogmático como ideología oficial, rectificando la negativa a hacerlo del XXVIII Congreso que había provocado la dimisión del europeísta y socialdemócrata González como secretario general. Reelegido en aquel Congreso Extraordinario, llevó al PSOE a su aplastante victoria del 82 y lo mantuvo en el Gobierno durante cuatro legislaturas (1982-1996). Aprendan.

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