Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

El otro Jordi

REIVINDICO hacer televisión sin trincheras . Las trincheras obligan a agacharse y eso no me gusta". Jordi Évole sabe comunicar, sabe provocar arañando con cirugía la conciencia, y ha crecido tanto que sigue siendo un niño. Un niño preguntón. En los Ondas, donde pronunció esa frase, lo premiaban como mejor presentador aunque no encaje precisamente en ese concepto. Pero a Jordi había que premiarle. Y, per descomptat, el de La Sexta la volvió a liar en el Liceo.

Subió al escenario con su suegra, fan de Ana Rosa Quintana, y en el túper con una bolsa del Mercadona llevaba croquetas para la estrella matinal. Al yerno, con esa sencillez tan impactante que se gasta, le dio tiempo a darle caña a los políticos catalanes, a los recortes, y generó carcajadas con filosofía adherida. En una noche de discursos y palmaditas Jordi cabalgó en solitario por la banda, por el camino incorrecto de la vida sin perder el equipaje. Évole destaca en la televisión actual por méritos propios y por deserción entre las filas del ingenio y del compromiso auténtico con la acera.

Como tuvo que subir una segunda vez apeló a que los profesionales y los programas no pueden ser sólo un número de audiencia, porque la televisión está hecha por personas. Sí, pero vaya usted a decírselo a los directivos y a los anunciantes, que con esto de la crisis aprietan bien fuerte el mango de la sartén por el mando. Pero alguien tenía que decirlo.

Por cierto, la suegra de Jordi rodó por las escaleras cuando se retiraba del escenario pero de inmediato fue auxiliada por El Duque y Pepe Sancho. Cumplió de forma involuntaria el sueño que tienen tantas mujeres en España. Hasta en una caída la suerte puede jugar a favor. Jordi está acostumbrado a las caídas, a levantarse y a seguir adelante. Sin perder el humor y las ganas de saber.

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