BREVIARIO

Alejandro V. García

Joven cuarentón

EL mismo día en que leí un documentado reportaje sobre la inexistencia de la generación ni-ni (los jóvenes que ni estudian ni trabajan) un juez de Málaga descubría y castigaba a uno de ellos, quizá el último o quizá el primero de un renacer. El tipo, de 25 años, además de agresivo y vago (sólo había aprobado tres asignaturas en no se sabe cuántos años en la facultad) pretendía que los padres le subvencionaran indefinidamente su manutención, además de pagar los plazos de su coche. Lo que más me llamó la atención de la noticia es que el redactor identificara al ni-ni (ni dignidad ni vergüenza) como un "hombre de 25 años" y no, como suele ser habitual, un "joven". Que las personas de 25 años reciban en los medios informativos el tratamiento de hombres o mujeres sí que supondría una novedad sustancial, pero me temo que sólo fue un endurecimiento ocasional, producto de la rabia momentánea que inspiró la biografía del mastuerzo. El primer libro de estilo que manejé en un periódico hace 25 años decía que la juventud, a efectos informativos, se perdía a los 21 años. A partir de ahí todos eran hombres o mujeres. El precepto fue pronto sobrepasado por la propia inercia social que ha ido ampliando los límites connotativos de la juventud más allá de los 40 años, de modo que un tipo de 25 es un adolescente. Ha sido la más radical aportación adulta a la infantilización generacional.

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