El balcón

Ignacio / Martínez

Juegos de boquilla

UN amigo tiene una interesante teoría, que comparto. No hay líderes en esta triste coyuntura española, porque el liderazgo no es hablar bien, ni tener carisma, sino conseguir resultados; mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Y eso no lo hace nadie. Al contrario, nuestros dirigentes todo lo basan en la dialéctica. Y cuando no saben hacerse entender, suben el tono. Es como aquellos andaluces de hace medio siglo, que para comunicarse con turistas cuyos idiomas desconocían les hablaban a gritos.

El resultado es el mismo; ni en los 60 los extranjeros se enteraban de lo que pretendían los lugareños, ni hoy día el pueblo llano comprende los mensajes de los políticos. En estos tiempos dramáticos, se habla a gritos y se le falta al respeto al adversario.

Medalla de oro en esta competición es la secretaria general del PP, que lleva muy mala racha. Cospedal ha comparado con los nazis a quienes acosan a los diputados de su partido. A esto se le llama perder el pedal. Los nazis mataron a seis millones de judíos. Ancianos, adultos, niños, bebés. Lo que más sobrecoge de la visita a Auschwitz son las vitrinas llenas con cientos, miles, de chupetes o zapatitos de los bebés que fueron directamente a los hornos nada más llegar. La comparación es un doble despropósito: por un lado reduce a los nazis a la categoría de acosadores de judíos y se olvida del holocausto, y por otro criminaliza a la plataforma antidesahucios. Muy grave en boca de la dirigente del principal partido de este país.

No es excusa que la portavoz de la plataforma, Ada Colau, llamara criminal al representante de la banca que compareció como ella en el Congreso hace tres meses. Otro atropello verbal lamentable. Por cierto, parece que Colau es partidaria de abandonar los escraches ahora que la iniciativa legislativa popular se ha estrellado en las Cortes contra la mayoría absoluta del PP. Bienvenido sea el final de los acosos, en todo caso.

El número dos del PSOE andaluz, Mario Jiménez, para no ser menos, se ha apuntado a los excesos teatrales. Ha dicho que si Rajoy recurre el decreto andaluz de expropiación temporal de pisos estará declarando una guerra a la ciudadanía. Guerra es vocablo frecuente en el léxico de este liviano dirigente. La II Guerra Mundial, causada por los nazis, produjo sólo en suelo europeo 36,5 millones de muertos, más de la mitad civiles. Habría que exigir a nuestros dirigentes un vocabulario más variado y prudente. Y, sobre todo, que resuelvan problemas y se dejen de tanto juego de boquilla.

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