desde el fénix

José Ramón Del Río

Juventud sin futuro

ESTE es el título de una organización juvenil, nacida en el ámbito universitario, que se manifestó días pasados en Madrid y de la que daba cuenta este periódico el pasado domingo. Concurrieron a la manifestación 5.000 personas, bajo los lemas "sin casa", "sin curro", "sin pensión", "sin miedo". Y como es lo propio allí se leyó un manifiesto que ha sido ampliamente difundido en internet. En aquél se dirigen a la opinión pública para mostrar su desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno y señalan que la consecuencia más grave de esos recortes es que "la juventud más preparada de nuestra historia, vivirá peor que sus padres".

Para ellos, la agresión contra el colectivo juvenil se ha producido de tres maneras: por la reforma del sistema laboral, que aumenta la temporalidad de los contratos y los convierte en trabajadores precarios de por vida; por la reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de las futuras pensiones, y por la mercantilización de la educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada y no por la formación y el conocimiento, con una universidad de élite, para una minoría y fábrica de parados para una mayoría. Acusan a las élites económicas y políticas de que los quieren convertir en una generación sin formación, ni trabajo, ni pensión digna y "que además, no tendremos casa en nuestra vida". Como quieren ser "actores de un motor de cambio", llaman a un ciclo de movilizaciones que recuperen la voz de la juventud en la calle y terminan, con una proclama: "Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo".

El manifiesto ha recibido muchas adhesiones y si usted está de acuerdo con él, puede adherirse, aunque ya no pueda ser considerado como joven, porque veo en la lista de adhesiones, por ejemplo, a la escritora Almudena Grandes, que, según sus biógrafos, tiene más de 50 años, y a muchos catedráticos que, por lo menos, serán de edad madura. Yo también me adhiero al manifiesto por medio de estas líneas, aunque ni con la máxima benevolencia pueda incluirme en la juventud.

No cabe duda de que en una sociedad democrática el mayor impulso para su perfeccionamiento ha de recibirlo de la sociedad civil. Por tanto, hay que aplaudir esta iniciativa, aunque se eche en falta en el manifiesto, como sería lo propio de jóvenes, un mensaje de ilusión y un compromiso con el esfuerzo. La verdad es que con unas cifras de paro juvenil de más del 30%, acaso no se les pueda pedir demasiado. Muchos dicen que hemos exagerado licenciando a tantos universitarios y descuidando la Formación Profesional, tan necesaria en un mundo absolutamente tecnificado.

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