Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Juzgar o entrevistar

ME sorprendieron los reflejos del político. Esteban González Pons, responsable de Comunicación del Partido Popular, que ya hay que tener moral, estaba recibiendo uno detrás de otro varios rejones en el programa 59 segundos. Por muy importante que sea el político, en la mayoría de los casos tiene que ajustarse a los límites del tiempo, como si fuera un concurso, un Cesta y Puntos de la política. No tiene el privilegio de los participantes de Gran Hermano, que disponen de minutos y minutos para sus soliloquios, para su onanismo o automoribundia, según los casos. Que los presenten directamente como cabezas de cartel si la televisión actual, en sus diferentes versiones, concede más tiempo y, por tanto, más crédito, a un payaso que a un representante del pueblo.

Iban las preguntas una detrás de otra y González Pons le recordó a la conductora del programa y a los periodistas invitados una obviedad: "Ustedes no me están juzgando, me están entrevistando". Vivimos tiempos de papeles cambiados: jueces mediáticos y periodistas que juzgan emulando a Sancho Panza en su Ínsula Barataria. Hay días en que los titulares de muchos periódicos son sentencias más que noticias. Y pesa mucho el prejuicio en el juicio.

La entrevista como género periodístico, que los diarios del Grupo Joly cultivan con una calidad y periodicidad que les honra, es una de las joyas de este oficio. En tiempos de ruido, de charlas impostadas en las que manda el punto y aparte y donde se ha suprimido el punto y coma del sosiego, de la argumentación, de la calma intelectual y del intercambio de pareceres, hay que reivindicar esa figura evocada como autodefensa por el político popular. Un día fui a entrevistar a Carlos Fuentes y, como el que me precedía en la lista se demoraba más de la cuenta, temía que se desmoronase el orden de cuestiones. Para saber hay que preguntar y para preguntar hay que saber. Cuando me tocó el turno, le puse un ejemplo que le divirtió al escritor mexicano. La entrevista es un examen en el que el alumno, el entrevistador, pregunta y el profesor, el entrevistado, es el que responde. El que aprueba o suspende. El que absuelve o condena, porque es el último reducto de los confesores.

José Sacristán y Héctor Alterio están recorriendo los teatros andaluces con su obra Dos menos. La entrevista es también una representación teatral en la que se invierten los cánones. El teatro es un texto que se escribe y después se interpreta. La entrevista se interpreta primero y después se escribe para que actores silentes la reciten en su fuero interno. Yo he actuado en cientos de bares y algunas veces hasta he pagado la consumición.

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