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La tribuna

francisco J. Ferraro

Keynesianismo mágico

LA intervención de la representante de Unidos Podemos, Carolina Bescansa, en el debate electoral del pasado día 9 en Antena 3 merece una reflexión, porque su claridad y simplicidad expositiva conectó con muchos televidentes, y por la receptividad de sus propuestas por parte de muchos ciudadanos de distintas orientaciones ideológicas. Su reflexión partía de que es necesario "poner fin al modelo de los recortes, no sólo porque ha sido profundamente injusto, sino porque ha sido un fracaso en términos económicos". Y para ello proponía "generar inversión pública que sea capaz, a través de la recuperación del empleo en la sanidad, en la educación y en la inversión en infraestructuras (para la transición energética), de crear no solamente puestos de trabajo de manera directa, sino de generar ese efecto multiplicador que se produce cuando la gente consigue un empleo digno. ¿Y a qué efecto multiplicador me refiero? Cuando alguien consigue un empleo puede alquilar una casa, puede comprar (mensualmente) los víveres que se necesitan…". Esta concatenación de efectos concluye con un aumento de la renta nacional y del empleo superior a los iniciales, lo que posibilita un aumento de los ingresos públicos.

Esta exposición, basada en el multiplicador keynesiano, es tan sugestiva (e indolora socialmente) que la asumen con facilidad muchas personas sin formación económica, y su bondad la popularizan algunos economistas frente a las odiosas políticas de austeridad y los esfuerzos que exigen las políticas de competitividad y de reformas estructurales. Sin embargo, no hay que ser muy perspicaz para plantearse porqué este simple y fácil programa de aumento del gasto público para generar más empleo, renta y recaudación tributaria no lo aplican todos los gobiernos que padecen un desempleo elevado y otras consecuencias de la crisis.

La investigación económica ha puesto de manifiesto que se ha abusado de los efectos benéficos (casi mágicos) de los multiplicadores keynesianos, pues, si bien es constatable que el impacto económico de la inversión pública a corto plazo supera a la inversión inicial, los efectos a medio y largo plazo se aproximan a cero, y siendo en ocasiones negativos, máxime si ese aumento del gasto público está financiado con un aumento de la presión fiscal, pues el aumento de los impuestos deprimen la actividad económica.

Keynes no era dogmático con sus propuestas de política económica, y estaba siempre dispuesto a reconsiderarlas si cambiaban los datos de la realidad. Probablemente su recomendación sobre los multiplicadores sería más matizada que la de sus epígonos frente a la realidad de un país como España con una deuda pública superior al PIB, a la que se suma la elevada deuda de las empresas y familias, el envejecimiento progresivo de la población (disminuirá la población para soportar la deuda y el aumento del gasto en pensiones) y las restricciones competitivas.

Además de estas limitaciones de los multiplicadores, el aumento del gasto público propuesto por Unidos Podemos no podría generar de inmediato el hipotético aumento de la recaudación tributaria derivada del aumento del empleo y del gasto privado, por lo que sería necesario financiar el gasto público con más déficit y endeudamiento y, por tanto, obligaría a España a incumplir el Pacto de Estabilidad, lo que no agradaría a nuestros socios europeos, que ya han amenazado con sanciones por el déficit excesivo de 2015. Además, el coste de la financiación dependería de unos mercados financieros que probablemente elevarían la prima de riesgo y, en consecuencia, los intereses de la deuda.

En cualquier caso, Unidos Podemos prevé aumentar la presión fiscal en 3 puntos sobre el PIB, fundamentalmente sobre los ricos y grandes empresas. Independientemente de la justicia y oportunidad de este aumento de la presión fiscal, ésta exigiría reformas que tendrían que ser debatidas y aprobadas en el parlamento y se aplicarían en el futuro, por lo que sus efectos recaudatorios se demorarían en el tiempo uno o dos años. En este tiempo muchas de las grandes fortunas y de las grandes empresas que van a padecer el aumento de la presión fiscal probablemente adoptarían medidas para evitar o, cuando menos, aliviar el aumento de la carga tributaria, por lo que los efectos reales serían bastante menores de los previstos.

No hay caminos fáciles para aumentar el nivel de renta y de empleo, que están determinados a largo plazo por la oferta y no por la demanda, y para aumentarlos son necesarias reformas estructurales que aumenten y mejoren nuestra capacidad productiva. No hay soluciones fáciles para resolver problemas complejos. En esto son maestros los populismos, pero cuando alcanzan el poder y constatan la inviabilidad de sus programas culpan de su fracaso a la maldad de los enemigos de la patria o a los agentes externos.

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