La ventana

Luis Carlos Peris

Lágrimas de oro por un torero emblemático

LÁGRIMAS bordadas en oro por la muerte de uno de los toreros más sevillanos de la historia. Diego Puerta se ha ido de puntillas, de la misma forma que vivió desde aquel 12 de octubre en que se cortó la coleta. El mismo año que se fue Pepín ha dicho adiós Diego, que se miraba en el espejo del primero y que fue figura del toreo en un tiempo en que la baraja de toreros era impresionante. Diego era capaz de hacerle hervir el agua a Ordóñez de la misma manera que hervía la suya con todo el escalafón, sobre todo cuando coincidía con su compadre Paco Camino en una puerta de cuadrillas cualquiera. Sevillanísimo su toreo, todo estaba cimentado en un valor desmedido, como un Espartero del Siglo XX. Desde aquel miura llamado Escobero y que le dio nombre a su primera finca hasta la tarde en que le cortó el rabo a un toro del marqués brindado a los Príncipes de España, Diego fue un torero grandioso que se ha ido sin hacer ruido.

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